El piloto de Artemis II, Victor Glover, junto la astronauta estadounidense Christima Koch durante su visita a Países Bajos. EFE/ Imane Rachidi

Imane Rachidi

Noordwijk (Países Bajos), 16 jul (EFE).- La tripulación de Artemis II quiere dejar un mensaje claro en su primera visita a Europa tras completar su histórico vuelo alrededor de la Luna: el regreso de seres humanos al espacio profundo es resultado de la cooperación internacional y una tecnología europea que les proporcionó durante diez días aire, agua, electricidad y propulsión.

Los cuatro astronautas -Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen- están esta semana en Europa para conocer en persona a los equipos europeos que trabajaron en la misión Artemis II, con una primera parada en el centro tecnológico de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Países Bajos, seguida de Alemania e Italia.

Responsables de la NASA y la ESA insistieron en una misma idea: Artemis II no es el éxito de una sola nación, sino el fruto de décadas de colaboración entre socios internacionales.

Los ingenieros europeos son responsables del Módulo de Servicio Europeo (ESM), el sistema que impulsó a la nave Orion alrededor de la Luna y la devolvió a Tierra; suministró aire y agua a la tripulación, mantuvo el control térmico de la nave, generó electricidad con cuatro paneles solares y proporcionó la propulsión para recorrer más de un millón de kilómetros por el espacio.

En declaraciones a EFE, la responsable del Grupo de Proyectos Lunares en la ESA, Sara Pastor, defendió que la Luna se ha convertido en “el lugar ideal para probar tecnologías” que algún día permitirán viajar a Marte y que, al mismo tiempo, tengan aplicaciones en la Tierra.

“La autonomía europea está en la cooperación. Las dos cosas no compiten entre sí. Queremos ser autónomos en cooperación con otros socios internacionales”, señaló.

Los astronautas visitaron también la sala de control Eagle en la ESA, desde la que los ingenieros supervisaron el módulo las 24 horas del día durante toda la misión.

También fueron a las instalaciones de Airbus en Bremen (Alemania), contratista principal, antes de dirigirse a las de Thales Alenia Space en Turín (Italia), empresa que construyó la estructura del módulo.

“Es nuestra forma de llevar a la humanidad más allá de la órbita terrestre. Además, la Luna es un lugar donde podemos desarrollar y probar tecnologías relacionadas con movilidad, robótica, generación de energía o supervivencia, todas fundamentales para futuras exploraciones”, añade Pastor, ingeniera aeroespacial italiana.

El director del programa Orion de la NASA, Howard Hu, lo resumió en una frase: "No vamos a la Luna sin el equipo de la ESA y nuestros socios europeos".

Para Reid Wiseman, comandante de Artemis II, el apoyo europeo comenzó apenas dos minutos después del lanzamiento: mientras el cohete abandonaba la atmósfera, los astronautas esperaban escuchar "SM priming complete", que el módulo estaba operativo.

"Ese fue el primer momento en que pudimos respirar tranquilos. Significaba que el módulo estaba preparado para llevarnos al espacio profundo", recordó. Sin esa confirmación automática, explicó, la misión habría tenido que abortarse.

Para el piloto, Victor Glover, el módulo “voló como un sueño" y el sonido constante de sus propulsores terminó convirtiéndose en una señal de tranquilidad porque significaba que todo funcionaba como debía.

El sistema deriva del Automated Transfer Vehicle (ATV), la nave de carga desarrollada por la ESA que durante años abasteció a la Estación Espacial Internacional.

"Ver cómo aquel vehículo evolucionó hasta convertirse en un sistema de propulsión, energía y soporte vital para una misión lunar es una historia que merece contarse una y otra vez", afirmó.

La astronauta Christina Koch recordó que la tripulación viajó a Alemania para trabajar con los ingenieros de Airbus y trasladar ese conocimiento al entrenamiento y los simuladores, clave durante “la inyección translunar”, la maniobra que puso rumbo a la nave hacia la Luna.

Pero el mensaje más allá de la tecnología lo resumió el astronauta canadiense Jeremy Hansen, quien, tras contemplar la Tierra desde el espacio profundo, confesó que "ya no pensaba en un país, pensaba en la Tierra".

Para Hansen, "no hemos viajado al espacio profundo como países; sino como una sola especie, y debemos estar orgullosos de eso", afirmó, advirtiendo de que "no podemos seguir gastando tanta energía destruyendo".

Europa ya ha entregado el tercer ESM para Artemis III, la misión que convertirá al astronauta italiano Luca Parmitano en el primer europeo en participar en este programa, mientras desarrolla proyectos como el aterrizador lunar Argonaut y la red de navegación y comunicaciones Moonlight, para contribuir a una presencia humana permanente en la Luna.

“La exploración espacial depende de la confianza entre las miles de personas que hacen posible una misión”, concluyó Josef Aschbacher, director general de la ESA.

Por EFE

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