Didier Deschamps abandona el banquillo de la selección francesa con una nota negativa que no oculta que, en sus 14 años al frente del equipo, ha forjado un palmarés que le definen como el mejor seleccionador galo de todos los tiempos. EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

Redacción Deportes, 18 jul (EF).- Didier Deschamps abandona el banquillo de la selección francesa con una nota negativa que no oculta que, en sus 14 años al frente del equipo, ha forjado un palmarés que le definen como el mejor seleccionador galo de todos los tiempos.

Si la derrota en semifinales del Mundial, su última aventura al frente de un equipo al que llegó en plena crisis, enturbia su adiós, una mirada más general deja de manifiesto un legado virtuoso, marcado por su apuesta por la ortodoxia.

Un credo que llevó al banquillo tras haberlo expresado en el terreno de juego, donde en once temporadas más se convirtió en el emblema de una selección de leyenda que cosió en la 'bleu' la primera estrella en 1998.

Hasta en 103 ocasiones vistió la internacional, la mitad de ellas como capitán, un récord absoluto que también replicó en el banquillo, donde se convirtió en el seleccionador con más partidos en Francia y el que más veces ha dirigido en un Mundial de todo el mundo.

Veinte años más tarde fue el seleccionador de la segunda estrella, algo que solo el brasileño Mario Zagallo y el alemán Franz Beckenbauer han conseguido en el césped y en el banquillo.

Con sus diferentes clubes había ganado dos Ligas de Campeones, dos ligas francesas, tres italianas, una Copa de Italia y otra de Inglaterra con el Chelsea, además de los dos grandes trofeos conseguidos con la selección.

Si como jugador ganó un Mundial y una Eurocopa, como entrenador dirigió a la selección gala en siete fases finales, con un balance extraordinario: un Mundial, tres finales y cinco semifinales.

Esos éxitos, sumados a su carácter afable y mesurado, le convierten en una de las personalidades preferidas de los franceses, aunque el oficio de seleccionador nunca está al abrigo de las críticas.

Su mayor orgullo confesado es el de haber sabido adaptarse a los momentos que ha atravesado el fútbol francés desde su llegada al banquillo. Criticado por ser excesivamente defensivo cuando Francia contaba con una generación mediocre, no dudó en convertirse al juego de ataque cuando llegó una camada liderada por Kylian Mbappé.

Pero su figura ha salido siempre reforzada, porque los resultados han terminado por darle razón y porque su voz no ha perdido nunca el rumbo de la sabiduría.

El seleccionador se encontró en 2012 un equipo roto que todavía sentía las reminiscencias del fracaso del Mundial de 2010, donde no metieron un gol y donde las polémicas con el entonces entrenador, Raymond Domenech, fueron constantes.

Laurent Blanc, otra vaca sagrada del Mundial de 1998, contratado para la Eurocopa de 2012, no logró reconstituir el espíritu de equipo, en el que las divisiones internas siguieron marcando la pauta.

Ante ese panorama, Francia se puso en manos del hombre providencial que tantas veces les llevó al éxito. Deschamps acabó con las polémicas y construyó un grupo asentado y pacificado, desembarazado de sus hombres más polémicos.

Llegaba con una buena trayectoria en los banquillos: una liga francesa y tres Copas de la Liga con el Olympique de Marsella, además de otra con el Mónaco, equipo al que, contra todo pronóstico, llevó hasta la final de la Liga de Campeones, dejando en la estacada a equipos como el Real Madrid y el Chelsea.

Pero era el gran capitán, el hombre providencial capaz de domesticar a las fieras.

El mayor roce lo tuvo con Karim Benzema, rodeado de polémicas y que acabó dejando la selección por la puerta trasera, lejos del brillo que desprendió su carrera.

Las acusaciones de racismo lanzadas por el delantero le dolieron profundamente, pero Francia acabó tomando partido por el técnico, lo que dice mucho del crédito que fue capaz de amasar frente a una estrella de la talla del jugador.

A lo largo de los años, Deschamps ha sabido construir un equipo sólido, un grupo compacto en el que mucho tiene que ver el respeto que despierta, una trayectoria que heredará con toda seguridad Zinedine Zidane y que fue homenajeada hasta por el propio presidente de la República, Emmanuel Macron.

"Un capítulo de la historia del fútbol francés se cierra esta noche. Gracias, Didier Deschamps, por las victorias legendarias y las emociones intensas, por haber liderado a *Les Bleus* durante años y haber conmovido el alma de Francia. Catorce años: la generación Deschamps", publicó Macron n X.

Luis Miguel Pascual

Por EFE

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