Los rostros de 25 jóvenes desaparecidos en Colombia fueron son exhibidos por sus madres en una exposición en Bogotá con la que buscan representar a las miles víctimas de ejecuciones de civiles extrajudiciales durante el conflicto armado, casos conocidos en el país como 'falsos positivos'.
Un conjunto de flores, velas y trozos de carbón rodean el mural de las imágenes de los desaparecidos y asesinados a manos de las Fuerzas Armadas colombianas en la Estación de La Sabana de la capital colombiana, grabados con xilografías y acompañadas con textos que narran datos de sus vidas, sus proyectos personales y "los sueños que quedaron truncados".
Uno de esos rostros es el de Julián Oviedo Monroy. Su madre, Blanca, encontró sus huesos en una fosa común en Ocaña, en el departamento de Norte de Santander, tras seis meses de búsqueda desde el día en el que su hijo, con veinte años, salió de su casa a buscar trabajo y no volvió más.
"Nos dijeron que era un guerrillero y que había muerto en combate", afirmó a EFE Blanca Monroy, que inició con otras madres una investigación para esclarecer lo ocurrido y por lo cual recibieron amenazas de muerte y extorsiones por supuestos miembros del Ejército.
Julián, cuyo sueño era ingresar al Ejército, forma parte de las 7.837 víctimas de ejecuciones y desapariciones forzadas presentadas como bajas en combate por agentes del Estado, según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el mecanismo de justicia transicional creado para investigar, juzgar y sancionar los delitos más graves cometidos durante el conflicto armado después del acuerdo de paz de 2016.
La asociación de Madres de Falsos Positivos (Mafapo) impulsó a que el espacio donde se ubica la exposición, antes destinado a la reparación de vagones averiados, ahora sirva como "un lugar en el que se pueda habitar y profundizar en lo que sucedió", con unas telas que ellas mismas han tejido para dibujar los rostros de sus hijos, o recrear sus asesinatos y desapariciones forzosas.
Bajo esas telas, algunas con forma de corazón, la exposición recibe a los visitantes con unas botas pintadas y decoradas con flores o dibujos. "A ellos les pusieron las botas del revés, pero nosotras las tenemos bien puestas", explicó con ironía Blanca Monroy para explicar cómo procedían los militares una vez asesinaban a sus hijos y los enterraban en fosas comunes para hacerlos pasar como guerrilleros.
Las víctimas también son recordadas a través de objetos personales, fotografías y sus nombres en unas pancartas que forman un laberinto para representar la búsqueda de sus familiares.
El objetivo es mostrar en un espacio inmersivo "la experiencia, el relato y la historia de las víctimas y de las mujeres buscadoras", según Alejandra Zarria, líder del grupo de Artes Plásticas y Visuales del Ministerio de las Culturas.
Un vientre para recordar a sus hijos
Además, está previsto que todo el recorrido concluya con un monumento construido con madera bajo la forma de vientre para reflejar la importancia corporal que dan las madres a las pérdidas de sus hijos.
A él se podrá acceder a través de unos espacios con zonas oscuras e iluminadas, para sentir "las luces y las sombras" a las que se enfrentaban las madres en la búsqueda de sus familiares, explicó Zarria.
De esta manera, la exposición "explora la relación que hay entre la pérdida de los hijos y el vientre de las madres", agregó Zarria sobre la importancia que tiene la forma del aparato reproductivo y los elementos de la naturaleza, como la tierra, en todo el recorrido.