Que Louis Armstrong cambió para siempre la historia del jazz con su voz inconfundible y su maestría con la trompeta es una convicción que reivindican músicos de varias generaciones, entre ellos el bajista Lou Bruno y el trombonista Ron Wilkins, que este lunes le rindieron homenaje en el Bronx Music Hall de Nueva York en la víspera del 125 aniversario de su nacimiento.
La American Symphony Orchestra recordó con un concierto el legado del artista que llevó el jazz a nuevas audiencias y dejó una profunda huella en Nueva York, donde vivió durante casi tres décadas.
"Cambió la historia del jazz. No solo fue un gran innovador, fue también cantante, compositor y actor. Pocas figuras han ejercido una influencia comparable", comenta a EFE Bruno, comisario del recital, en el que el sexteto interpretó clásicos como 'Coal Cart Blues'.
Esa influencia se explica en parte por su forma de tocar la trompeta, que situó al solo en el centro y sentó las bases del jazz moderno.
"Hay trompetistas que todavía intentan descubrir cómo hacía lo que hacía en aquellos años", señala por su parte Wilkins, que destaca también su voz áspera e inconfundible.
Armstrong popularizó además el 'scat', una técnica vocal basada en melodías con sonidos y sílabas sin palabras.
"No conozco a nadie que pueda cantar exactamente como él", dice Wilkins entre risas. Reconoce que él mismo empezó a imitarlo de niño y que, aunque hoy puede acercarse, "nunca llega a ser lo mismo".
Conexión latina
Mientras, el puertorriqueño Bobby Sanabria, codirector artístico del Bronx Music Heritage Center y nominado a varios premios Grammy, resalta la conexión de Armstrong con la tradición latina del jazz, una influencia que el trompetista reconocía a través del cubano Manuel Pérez, integrante de la Olympia Brass Band de Nueva Orleans.
"Tiene una conexión con nuestro mundo, el mundo latino", señala Sanabria, que recuerda también la colaboración de Armstrong con el pianista panameño Luis Russell, quien fue su director musical.
Para el músico, esa relación refleja "el carácter mestizo" del jazz, una música nacida de las tradiciones afroamericanas pero también de las afrocaribeñas.
"Armstrong fue el primer solista que además fue virtuoso con su instrumento. Codificó lo que hoy en día llamamos swing, el sentido de moviendo para adelante y para atrás en el ritmo", señala.
Para Sanabria, "es muy importante celebrar esta figura, porque la música que llamamos el jazz es la mejor representación del ethos de este país, que es la libertad".
Trompetista en Nueva York
Wilkins destaca también la faceta activista del artista, que "además de músico extraordinario, también ayudó a la comunidad afroamericana y utilizó la música para acercar a las personas".
Recuerda que Armstrong criticó públicamente la actuación del Gobierno estadounidense durante la crisis de integración escolar de Little Rock, en 1957, convirtiéndose en una de las voces más influyentes del mundo del espectáculo en favor de los derechos civiles.
Y aunque nació el 4 de agosto de 1901 en Nueva Orleans, Armstrong mantuvo una relación inseparable con Nueva York, donde se instaló en 1943 con su esposa, Lucille. La pareja vivió hasta su muerte en 1971 en Corona, Queens, en una vivienda que se conserva como casa museo.
Hoy, 'What a Wonderful World' sigue siendo su canción más popular y reconocible, pero Wilkins anima a redescubrir las grabaciones de los Hot Five, el grupo con el que Armstrong registró algunas de sus obras más innovadoras de los felices años veinte.
"Cuando la gente continúa escuchando su música cien años después, sabes que cambió la historia", sentencia.
El homenaje de hoy concluyó con 'Swing That Music', una invitación a levantarse de la silla porque, como dice Bruno, "eso es exactamente lo que ocurría con él".
"Su música sigue teniendo la capacidad de hacer que la gente baile y sonría", señala, una conexión con el público que demuestra la vigencia de su legado.
Jesús Centeno