Alfredo Valenzuela
Sevilla, 7 ago (EFE).- El dibujante Salvador Bartolozzi, uno de los grandes ilustradores de la primera mitad del siglo XX, fue el creador del "Pinocho" español de la editorial Calleja y ahora se publica por primera vez en España la biografía que le dedicó en el México del exilio su amigo Antonio Espina.
Lo primero que hizo Antonio Espina (Madrid, 1891-1972) al marchar voluntariamente al exilio mexicano en 1948, tras pasar por París, fue buscar a su amigo Salvador Bartolozzi (Madrid, 1882-México D-F, 1952), que fue inmortalizado por Solana en su cuadro de la tertulia del café Pombo y al que hacía doce años que no había visto.
"Aquella noche de nuestro primer encuentro en México fue de un extraño tono poético; de evocación del pasado, de realidades del presente, de recuerdos, de fantasmas", dejó escrito Espina.
La biografía de Antonio Espina, titulada "Salvador Bartolozzi", fue publicada apenas un año después de la muerte del dibujante en una rara y casi secreta edición de bibliófilo que tuvo carácter de homenaje póstumo y nunca fue distribuida en España.
Ahora, la Biblioteca del Exilio la ha editado en octavo -un formato bibligráfico tradicional de pequeño tamaño- acompañada de un extenso álbum con reproducciones de muchas de sus cubiertas para revistas y cuentos infantiles.
Curiosamente, la edición lleva un prólogo del veterano editor y escritor José Esteban, erudito y experto en los autores de la Edad de Plata y quien fue amigo personal del propio Espina, quien evoca a Bartolozzi como artista "de formación modernista y muy cercano a Ramón Gómez de la Serna, para el que realizó ilustraciones y varias portadas" de sus libros.
Disfrazado de Rey Mago con Gómez de la Serna
Testimonio de aquella cercanía es la foto que se conserva en el archivo histórico de la Agencia EFE en la que Bartolozzi y Ramón Gómez de la Serna, disfrazados de Reyes Magos, acompañan al presidente de la República Niceto Alcalá Zamora en un reparto de juguetes durante las fiestas navideñas de 1935.
"Un Picasso antes que Picasso" dijo Gómez de la Serna de Bartolozzi, a quien admiró desde sus inicios, cuando en 1910 le dedicó uno de sus tempranos artículos en "Prometeo", o cuando incluyó su semblanza en los "Retratos" con los que inmortalizó a los principales artistas de su época, además de recordarlo en sus memorias, "Automoribundia".
Gómez de la Serna valoró en su tiempo los tempranos triunfos de Bartolozzi en París y cómo el mismo Jean Lorrain le encargó ilustrar uno de sus libros, uno de esos ejemplares que, al decir de Ramón, "en Francia se hacen en papel de Japón para los millonarios excéntricos".
Su compañero de tertulia en Pombo Tomás Borrás retrató a Bartolozzi como "uno de esos madrileños hacia fuera, de los que llevan en sí un alma que imponen, no de los que se cierran a lo galápago en la costra del casticismo de sainete (…) Y es signo de lo abierto que está el cielo de Madrid a todas las bandadas de lo exótico. Y de que cuanto más madrileño es un madrileño es más universal"
Borrás no olvidó señalar que Bartolozzi era muy castizo hablando y gustaba de pintar monigotes en las mesas de mármol de los cafés, "más no era un castizo de churro y botavino y su centro era lo cosmopolita", de ahí que pintara París, donde residió varios años, como pintó "los circos, el país de los cuentos infantiles, el universo de los sueños y, en fin, México, con el mismo pulso vecindón de todas partes donde retrataba".