Pablo Alvira Fuertes
Huesca, 9 ago (EFE). – Buscar durante casi veinte años una señal que finalmente no correspondía a lo que se pensaba, en este caso la materia oscura, puede parecer un fracaso, pero para la científica María Luisa Sarsa, primera mujer en acceder a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas, Químicas y Naturales de Zaragoza, es precisamente el éxito del experimento Anais que desarrolla desde el Laboratorio Subterráneo de Canfranc.
El equipo que codirige ha demostrado que la señal que durante décadas se atribuyó a la materia oscura no correspondía a ese componente, por lo que la aragonesa reivindica que la ciencia también avanza cuando la respuesta es “no”, señala en una entrevista con EFE.
La materia oscura sigue siendo uno de los grandes misterios del universo, se calcula que representa alrededor del 85 % de toda la materia existente y, sin embargo, nadie ha logrado observarla directamente ya que su existencia se deduce de forma indirecta por sus efectos gravitatorios, pero su naturaleza continúa siendo desconocida.
Con ese objetivo nació hace casi dos décadas el experimento Anais, instalado a más de 800 metros bajo la montaña en el Laboratorio Subterráneo de Canfranc, donde protegidos de la radiación cósmica, los investigadores buscaban confirmar de manera independiente una señal detectada desde hacía más de veinte años por el experimento italiano Dama/Libra utilizando el mismo tipo de detectores y el mismo material.
Los datos completos del experimento italiano nunca llegaron a hacerse públicos y, precisamente por ello, Anais ha apostado por una política de transparencia compartiendo sus publicaciones para una revisión crítica.
"Lo importante no era confirmar o refutar, era contestar una pregunta", resume Sarsa al recordar el proyecto que comenzó mucho antes de que el detector empezara a tomar datos en 2017 y que concluyó en enero de este año tras alcanzar la sensibilidad necesaria para responder con rigor científico.
La respuesta llegó lentamente y lejos de sentir frustración, Sarsa explica que un científico no trabaja para demostrar que tiene razón, sino que lo que hace la ciencia es “explorar lo desconocido”, aunque es consciente de que todavía queda la incógnita de saber qué provocaba esa señal.
“Siempre tenemos incertidumbre sobre si será buena o no una teoría, la naturaleza nos dirá, pero es una cuestión apasionante. Hacer ciencia es trabajar en la frontera del conocimiento. No observar materia oscura durante muchos años y experimentos también es un gran avance porque sabemos lo que no es la materia oscura”, explica.
Para Sarsa, una las lecciones más importantes del proyecto Anais es que los resultados negativos poseen el mismo valor que los resultados positivos, aunque resulten más difíciles de vender y explicar fuera del ámbito científico.
La científica reconoce que toda investigación comienza precisamente donde terminan las respuestas conocidas y empiezan las preguntas que todavía nadie ha conseguido resolver.
En ese terreno, añade, no existen garantías de éxito porque cada teoría puede ser confirmada o descartada, y ambas posibilidades impulsan el conocimiento porque permiten construir nuevas hipótesis o abandonar caminos que no conducen a la respuesta: "Si nadie publicara los resultados negativos estaríamos repitiendo los mismos experimentos una y otra vez", resume.
Por extraño que parezca, el Laboratorio Subterráneo de Canfranc desempeña un papel esencial en la búsqueda de materia oscura siendo el segundo laboratorio subterráneo más grande de Europa.
En este enclave, según Sarsa, la montaña actúa como un escudo natural frente a la radiación cósmica y crea un entorno extraordinariamente silencioso para detectar fenómenos extremadamente raros que “resultarían imposibles de identificar entre otras muchas interacciones en la superficie”.
Uno de ellos son las posibles interacciones de la materia oscura o procesos improbables, como la desintegración doble beta sin neutrinos, cuyo descubrimiento permitiría responder preguntas fundamentales sobre la masa de estas partículas y obligaría a revisar el modelo actual de la física.
Estas condiciones también las aprovechan otras disciplinas, como la biología, que desarrolla investigaciones en un ambiente con una radiación excepcionalmente baja.
La toma de datos de Anais terminó en enero de 2026 porque el experimento había alcanzado el objetivo para el que fue concebido y ahora el equipo ultima las calibraciones antes de desmontar los detectores mientras la materia oscura continúa escondida en algún lugar del universo.
Después de veinte años de trabajo, la aportación de Anais ha sido demostrar con la misma contundencia científica dónde no estaba lo que buscaba, porque en ocasiones, concluye Sarsa, descartar una respuesta es la única forma de acercarse un poco más a la correcta.