La gobernadora Jenniffer González Colón, compartió que en horas de la mañana del lunes, sostuvo una reunión con el exgobernador Alejandro García Padilla. Según la mandataria, esta conversación era fundamental para afrontar los desafíos que enfrenta la isla actualmente con relación a la sequía y sistemas de abastos de agua.
“Como parte de nuestros esfuerzos ante los retos que enfrenta actualmente el sistema de abastos de agua, estamos evaluando experiencias anteriores para identificar las medidas que dieron resultados y las lecciones aprendidas durante aquella emergencia”, publicó la gobernadora en sus redes sociales.
Cabe recordar que el pasado 7 de agosto, García Padilla, publicó una columna en el periódico El Nuevo Día, donde rememoró la crisis de sequía de 2014 a 2015, bajo su mandato.
Según sus palabras, esa situación representó una de las mayores crisis de abastecimiento de agua en la historia de Puerto Rico.
“La situación era peor que hoy”, aseguró García Padilla, subrayando que en esa época había menos agua y menos recursos económicos.
“Por más de un año, la reducción extraordinaria de lluvia provocó el descenso acelerado de los principales embalses, particularmente Carraizo, La Plata, Toa Vaca y Cidra, comprometiendo el suministro de agua potable y obligando a una respuesta sin precedentes. Pero, más allá de un racionamiento, el gobierno combinó medidas de planificación, ingeniería, ciencia, eficiente comunicación pública y coordinación interagencial, mientras se desarrollaban soluciones permanentes para fortalecer la resiliencia del sistema de agua potable”, narró García.
En ese momento, según García, el equipo encargado de gestionar la crisis estuvo conformado por expertos de calibre mundial, tanto del sector público como privado, donde destacaron figuras como el ingeniero Alberto Lázaro, al mando de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), y Carmen Guerrero, titular del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), con formación internacional en planificación ambiental.
Señaló además que a pesar de contar con menos recursos que en la actualidad, los mantenimientos estaban al día. “En julio de 2014 declaré el primer estado de emergencia relacionado con la sequía, mediante Orden Ejecutiva, creando un comité interagencial para coordinar la respuesta gubernamental. En marzo de 2015, emití una nueva orden para ampliar la respuesta del gobierno y formalizar la participación de múltiples agencias en el manejo de la crisis. Además, se creó un comité científico con especialistas en hidrología, meteorología y recursos naturales”, indicó.
Asimismo, rememoró sobre la formación de un Comité de Manejo de Embalses para evaluar diariamente sus condiciones y recomendar medidas operacionales. Las decisiones sobre producción, extracción y racionamientos se fundamentaban en información técnica y monitoreo continuo de las cuencas hidrográficas.
“Las decisiones sobre producción de agua, extracción y racionamientos se centraron en información técnica y monitoreo continuo de las cuencas hidrográficas. Los comités se convocaban y sus recomendaciones eran atendidas y, en gran medida, aplicadas”.
Explicó además que antes de aplicar el racionamiento, la AAA implementó diversas medidas para extender la disponibilidad de agua.
Entre estas medidas desglosó:
1) reducción de presión en los sistemas de distribución
2) merma controlada de la producción de las principales plantas de filtración
3) transfe-rencias de agua entre sistemas regionales (por ejemplo, de Fajardo a Río Grande, y de ahí a Ca- nóvanas y Loiza)
4) utilización del Superacueducto para redistribuir agua hacia zonas críticas;
5) reactivación de pozos;
6) reciclaje de aguas de proceso en plantas de filtración
7) programa intensivo de reparación de salideros.
Entre otros ajustes, la publicación de el exgobernador explicó que para preservar las reservas, se implantaron interrupciones programadas y que en el peor momento de la emergencia, más de un millón de personas estuvieron sujetas a algún esquema de racionamiento. Se establecieron oasis y se organizó un amplio programa de distribución de agua mediante camiones cisterna, con apoyo del Cuerpo de Bomberos y la Guardia Nacional.
Además, se realizaron trabajos de dragado de orilla y se optó por la estrategia científica de “siembra de nubes”, aumentando un 15% la precipitación. Se impusieron multas y restricciones al uso no esencial del agua, y se realizó un monitoreo público y continuo de embalses, acuíferos y pronósticos meteorológicos.
Otra estrategia puesta en marcha, según García fue el desarrolló una campaña masiva de orientación para promover el uso responsable del agua y mantener informada a la población sobre la evolución de la sequía y las medidas adoptadas. Las campañas de la AAA incluyeron pautas en los medios de comunicación masiva.
Tras superar la crisis, el gobierno transformó las lecciones aprendidas en política pública permanente. Se establecieron dos iniciativas clave: un Protocolo para el Manejo de Sequía, institucionalizando la estructura organizacional y los procedimientos utilizados, y un Plan de Manejo del Agua de la Región Metropolitana, evaluando 37 proyectos para fortalecer el sistema, reducir pérdidas, promover la conservación, desarrollar nuevas fuentes y disminuir futuros racionamientos.
“El plan recomendó una estrategia basada principalmente en la reducción de pérdidas de agua, rehabilitación de infraestructura existente, reactivación de pozos, optimización operacional y diversificación de fuentes de abastecimiento. Desconozco si esas iniciativas continuaron, pero la respuesta del gobierno demostró la relevancia de integrar ciencia, ingeniería, planificación y comunicación pública en el manejo de emergencias complejas», concluyó García en su columna.
