Con el peso de un legado centenario sobre los hombros y el reto de adentrarse en un género que no es su hábitat natural, la cantante, pianista y compositora cubana Lena Burke se apoderó la noche del sábado del escenario del Centro de Bellas Artes de Santurce con la presentación del espectáculo Azúcar: 100 años de Celia Cruz.
Producido por el puertorriqueño Rafo Muñiz, el concierto rindió homenaje a la «Reina de la Salsa» (1925-2003) a través de un recorrido de 17 temas donde Burke evitó la imitación para apostar por un estilo propio. Acompañada por la Orquesta Filarmónica Arturo Somohano, bajo la dirección del maestro Isidro Infante, la intérprete conquistó a una audiencia caracterizada por un perfil demográfico maduro que creció con los éxitos de la célebre guarachera.
«Esta canción es como Celia misma, ya es inmortal. Sobrevivirá por siempre», expresó Burke durante su primera intervención con el público tras abrir la velada a las 8:45 p. m. luciendo un vestido rojo de flecos e interpretando el tema Yo viviré.

La velada combinó virtuosismo instrumental y dinamismo escénico a través de dos bloques musicales. Inició con la pieza instrumental Obertura, seguida por éxitos como Veo Veo, Guantanamera, El yerbero moderno y Caramelo a kilo. Burke demostró su formación clásica en el piano al interpretar los temas Drume negrita y Tu voz.
En el tema Cúcala, la artista compartió tarima con el pianista y cantante Carlitos García, mientras que en Usted abusó contó con la participación especial del maestro Cucco Peña. Culminó con la interpretación de Burundanga y Bemba Colorá. Tras un cambio de vestuario, la Filarmónica abrió con el instrumental Dime, dirigido por José Manuel Febus. La agenda continuó con Toro Mata, Soy antillana —composición de Marilyn Pupo, presente en la sala—, Ríe y llora, La negra tiene tumbao, Quimbara y el cierre con La vida es un carnaval.
La escenografía contó con la proyección de imágenes históricas de la vida de Cruz en Cuba y sus colaboraciones internacionales, así como la exhibición de vestuarios originales pertenecientes a su trayectoria, custodiados por el albacea de su legado, Omer Pardillo Cid. Con los arreglos adicionales del músico dominicano Amaury Sánchez y el respaldo de la Filarmónica, la velada confirmó la versatilidad de Burke en la música tropical y la vigencia del catálogo de la Guarachera del Mundo.

