Captura de video tomada de la Corte Superior de Plymouth, Massachusetts que muestra a Lindsay Clancy (d), la mujer acusada de matar a sus tres hijos en Massachusetts. EFE/ Corte Superior de Plymouth, Massachusetts

El caso de Lindsay Clancy volvió a ocupar titulares luego de que su juicio terminara sin veredicto. El jurado no logró unanimidad y, según se ha señalado públicamente, once integrantes favorecían un veredicto de no culpabilidad por falta de responsabilidad criminal, mientras uno discrepaba. El juez declaró un mistrial, pero la discusión pública continúa.

Las opiniones han estado divididas. Para algunas personas, Clancy es una mujer gravemente enferma a quien el sistema no atendió adecuadamente. Para otras, ninguna condición de salud mental puede explicar, y mucho menos eximir de responsabilidad, la muerte de sus tres hijos. Este caso nos obliga a sostener varias realidades simultáneamente.

Tres niños murieron estrangulados por su madre. Esa realidad no puede desaparecer mientras debatimos sobre el estado mental de Lindsay Clancy. Hablar de salud mental perinatal no requiere minimizar sus muertes. Explicar qué puede ocurrir durante un episodio psicótico tampoco significa justificar lo ocurrido. Explicar no es justificar. Pero reconocer la gravedad de una conducta tampoco debería llevarnos a negar lo que conocemos sobre las enfermedades mentales graves.

Por esa complejidad, es importante reconocer los límites de lo que podemos afirmar. No me corresponde determinar si Lindsay Clancy era o no criminalmente responsable de sus actos. No la evalué ni realicé una evaluación forense. Emitir un diagnóstico o una conclusión a partir de noticias o fragmentos de testimonios sería poco responsable y no sería ético.

No obstante, ese límite profesional no impide reconocer que hay momentos en que el mundo legal y el de la salud mental se encuentran, y ese encuentro no siempre es sencillo. Ambas disciplinas pueden observar los mismos hechos, pero no necesariamente intentan contestar la misma pregunta. Desde la salud mental buscamos comprender cómo una condición puede afectar percepción, juicio y conducta. El sistema judicial debe determinar si se cumplen criterios legales para establecer responsabilidad criminal. Tener un diagnóstico, incluso uno grave, no significa automáticamente carecer de responsabilidad. En este juicio, defensa, fiscalía y profesionales de salud mental presentaron interpretaciones distintas.

Lo que sí podemos hacer es aprovechar la conversación para educar sobre una realidad independiente del desenlace judicial: la salud mental perinatal. Durante demasiado tiempo hemos romantizado la maternidad. Se habla del nacimiento de un hijo como uno de los momentos más felices de la vida y, para muchas mujeres, ciertamente puede serlo. Pero esa narrativa deja poco espacio para reconocer que el embarazo, el parto y el posparto también pueden incluir cambios físicos y emocionales importantes. Una mujer puede amar profundamente a su bebé y no estar bien.

También debemos dejar de utilizar como sinónimos depresión posparto y psicosis posparto. No son lo mismo. La psicosis posparto es una condición psiquiátrica grave que puede incluir delirios, alucinaciones, confusión y pérdida de contacto con la realidad. Se considera una emergencia psiquiátrica que requiere intervención inmediata. Hablar de ella tampoco significa sugerir que quienes la experimentan van a cometer actos violentos; hacerlo aumentaría el estigma.

Sin embargo, cuando nuestra única narrativa sobre la maternidad es que debe ser una experiencia de plenitud y felicidad, dejamos a muchas mujeres preguntándose en silencio qué está mal con ellas cuando su experiencia es diferente. Por eso pienso que, independientemente de lo que ocurra con el próximo capítulo judicial del caso, hay una pregunta que deberíamos hacernos y que no requiere que ningún jurado la conteste: ¿qué estamos haciendo antes?

En Puerto Rico tenemos que preguntarnos cuán integrada está realmente la salud mental al cuidado durante el embarazo y el posparto. No basta con identificar síntomas si luego no existe una ruta clara para evaluación, referido, tratamiento y seguimiento. La salud mental perinatal tampoco puede recaer exclusivamente sobre la mujer. Necesitamos servicios disponibles y espacios en los que una mujer pueda decir “no estoy bien”, sin miedo a ser juzgada.

Podemos celebrar la maternidad sin romantizarla. Podemos reconocer la muerte de tres niños sin convertir una conversación sobre enfermedad mental en un aplauso a lo ocurrido. Podemos hablar de responsabilidad sin negar que existen estados psiquiátricos capaces de alterar profundamente la percepción, el pensamiento y la conducta. Espero que cuando este caso deje de ocupar titulares no desaparezca con él la conversación sobre salud mental perinatal, porque no deberíamos necesitar otra tragedia para volver a hablar de ella.

Información sobre la columnista:

La Dra. Bárbara D. Barros Cartagena es psicóloga clínica, profesora, investigadora y conferenciante especializada en salud mental. Es profesora asociada en la Ponce Health Sciences University, donde dirige el BRAVE Lab, un grupo de investigación enfocado en la psicología de la salud y la salud mental de las mujeres, con especial interés en la salud reproductiva. A través de sus participaciones en medios de comunicación y plataformas digitales, promueve la educación sobre salud mental desde una perspectiva accesible, basada en evidencia y comprometida con el impacto social. Ponceña de nacimiento y corazón, y Yaucana por adopción, es dog mom de Arya y disfruta de la lectura, las series, las películas, la música y el tiempo en familia.

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