Estados Unidos y China se debaten entre dejarse llevar por la rivalidad en la carrera por el control de la inteligencia artificial (IA), pese a los riesgos admitidos desde ambos países, o apostar por la cooperación para garantizar un uso seguro de esta tecnología, un asunto que se espera que se plantee durante la próxima visita a Washington del presidente chino, Xi Jinping.

En pleno debate mundial sobre los riesgos de la IA, el foco se sitúa en el previsto viaje de Xi a Washington el 24 de septiembre, en respuesta a una invitación de su par estadounidense, Donald Trump, un encuentro que aún debe confirmar China y que se verá marcado por una tregua comercial cerca de expirar, divisiones sobre Irán o Taiwán, y ahora las advertencias de una superinteligencia que se escape del control de sus creadores.

¿Consenso o carrera sin frenos?

Aunque fueron directivos de la propia industria estadounidense, entre ellos los consejeros delegados de Anthropic y OpenAI, quienes lideraran los llamamientos a tomarse en serio el riesgo que supone la IA, Trump fue taxativo en su postura.

"Somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, vamos a seguir así, porque quien gane en IA ganará en todo lo demás", dijo este fin de semana, reiterando que no va a comprometer el liderazgo de EE. UU. frente a China, que iría solo unos meses por detrás en su desarrollo.

Con la guerra de Irán sin acabar y su política arancelaria frenada por los tribunales, el dominio de la IA parece presentarse como una victoria de difícil renuncia para un Trump debilitado en otros frentes, si bien una postura más proclive a la regulación podría darle réditos: un 63 % de estadounidenses estarían a favor de parar el desarrollo de los modelos más avanzados, según una nueva encuesta de Politico.

Gary Marcus, autor estadounidense de varios libros sobre IA, va más allá y sugiere que un acuerdo con China en esta materia podría ser el "mayor logro" de Trump, llevándole incluso hasta su codiciado nobel de la paz, indica en un artículo para The Economist.

La primera prueba sobre la disposición al consenso de EE.UU. y China llegará este fin de semana en la reunión preparatoria, en Nueva York, de la visita de Xi entre el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino He Lifeng.

Desde China destacan dos mensajes lanzados en los últimos días: por un lado, sus jefes de Defensa han abogado por buscar cortafuegos para la IA y, por otro, la prensa oficial y otras autoridades han tachado las alertas desde EE. UU. como un intento de contener a Pekín con mentalidad de "guerra fría".

Entre bambalinas, no obstante, podría haber señales de que China está dispuesta a acordar restricciones conjuntas con EE. UU., "siempre y cuando sus términos no sean impuestos unilateralmente" por Washington, apunta Kyle Chan en un análisis de la Brooking Institution.

Una IA, dos modelos

Entre tanto, la industria continúa avanzando. Las advertencias de Anthropic y OpenAI van acompañadas de ataques soslayados a los modelos abiertos chinos (ajustables, privados y que tienen como principal coste el de computación), que compiten con los modelos cerrados de la mayoría de los gigantes estadounidenses.

Pese a hablar de moderar el ritmo de avance, este mismo miércoles la directora de políticas públicas de Anthropic, Sarah Heck, enfatizó que se trata de una carrera sin cuartel por la hegemonía tecnológica.

"Tiene que quedar claro: Estados Unidos se debe mantener a la cabeza en IA; no se puede trabajar en seguridad desde un segundo puesto", apuntó la directiva en un coloquio en Washington.

Desde Pekín, el principal obstáculo para la cooperación con Washington no es la falta de amenazas compartidas, sino que ambas potencias entienden de forma distinta cómo contenerlas.

Mientras directivos estadounidenses han pedido ralentizar los modelos más avanzados, China apuesta por mantener la innovación y situar los controles en las aplicaciones y el uso de la tecnología.

El Marco de Gobernanza de la Seguridad de la IA 3.0, publicado esta semana por Pekín, amplía la vigilancia sobre los agentes autónomos y la IA incorporada a máquinas, sin límites a la capacidad de los modelos, la potencia de cálculo o el ritmo de desarrollo.

La presentación este jueves del Ascend 960 SuperPoD de Huawei muestra además cómo las restricciones estadounidenses a las empresas chinas han acelerado la búsqueda china de infraestructura propia.

Xiao Qian, vicedecana del Instituto de Gobernanza de IA de la Universidad Tsinghua, aseguró que el sentir chino tras las peticiones de ralentización es de "decepción", debido a que, entre las razones del consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, para moderar el avance, está la importancia de aislar a los modelos abiertos de la "autoritaria" China.

"En un mundo en el que EE. UU. y China están centrados en obtener la supremacía de la IA, en vez de en protegerse contra posibles desastres, no hay mucho margen para un acuerdo bilateral sobre una ralentización de su desarrollo", anticipa Ian Bremmer, presidente del 'think tank' Eurasia Group, en su último comunicado. EFE

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Por EFE

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