América Latina y el Caribe concentran el 14 % de las visitas globales a soluciones de inteligencia artificial (IA), pero captan apenas el 1,12 % de la inversión mundial en esta tecnología, según el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2025, una brecha que sirve de contexto al debate sobre soberanía digital abordado en dos investigaciones presentadas durante la Asamblea General de Naciones Unidas.
En ese escenario, la Alianza Digi Americas y Paladin Global Institute reunieron este martes en Nueva York a funcionarios y líderes de tecnología, ciberseguridad y políticas públicas para analizar cuánto control pueden ejercer los países sobre sus datos, infraestructuras y tecnologías sin aislarse de la innovación global.
El encuentro se celebró en el marco del 81 período de sesiones de la Asamblea General (AGNU 81), que ha situado la gobernanza digital y de la IA entre sus prioridades.
Digi Americas presentó “Soberanía digital en América Latina: construcción de ecosistemas digitales seguros, abiertos y resilientes”, un informe que propone para la región un modelo basado en seguridad, resiliencia, interoperabilidad, fortalecimiento de capacidades y libertad de elección.
Según el director ejecutivo de la Alianza Digi Americas, Belisario Contreras, “América Latina tiene la oportunidad de definir la soberanía digital en sus propios términos: no como aislamiento, sino como la capacidad de tomar decisiones informadas, fortalecer la resiliencia y proteger los datos y las infraestructuras críticas, al tiempo que permanece conectada con la innovación global”, señaló.
“Para la región, la soberanía debe ampliar las capacidades y las opciones, no limitarlas”, agregó.
La preocupación, además de responder al avance de la IA, se vincula con la concentración de la infraestructura que sostiene buena parte de la economía digital: Amazon, Microsoft y Google reunían cerca del 63 % del mercado mundial de servicios de infraestructura en la nube en el segundo trimestre de 2026, según Synergy Research Group.
Para Digi Americas, la respuesta no pasa por localizar todos los datos dentro de las fronteras nacionales, sino por garantizar que gobiernos y organizaciones puedan protegerlos, cambiar de proveedor, mantener sus servicios ante una interrupción y evitar dependencias críticas.
Navegando la soberanía digital
El segundo informe, “Navegando la soberanía digital en Europa”, de Paladin Global Institute, analiza cómo estas mismas preocupaciones están modificando las políticas y los procesos de contratación pública europeos en sectores como la nube, el software, la inteligencia artificial y el hardware.
Para la presidenta de Paladin Global Institute, Kemba Walden, la “soberanía digital no debe reducirse a una cuestión de geografía o propiedad”.
“Lo importante es que los gobiernos y las organizaciones puedan ejercer un control efectivo sobre sus datos y tecnologías, verificar su seguridad, mantener la portabilidad y preservar su resiliencia. La confianza debe incorporarse desde el principio tanto en la tecnología como en el marco de políticas públicas”, afirma.
Además, el estudio apunta a mecanismos como las claves de cifrado controladas por los clientes, las auditorías independientes, la transparencia de las cadenas de suministro y la portabilidad para reducir vulnerabilidades sin cerrar el acceso a proveedores internacionales.
Ese equilibrio entre autonomía y apertura atravesó también el panel final del encuentro, dedicado a cómo trasladar la soberanía digital a decisiones concretas sobre ciberseguridad, contratación pública, inversión e infraestructura.
Entre sus participantes estuvo el jefe de Privacidad y Políticas Públicas de CrowdStrike, Drew Bagley, quien señaló que “la soberanía digital es una cuestión de control lícito, responsable y sujeto a rendición de cuentas sobre los datos, no del lugar físico donde se encuentra un servidor”.
La discusión coincide con los esfuerzos de Naciones Unidas por avanzar en la aplicación del Pacto Digital Global y ampliar la cooperación internacional en gobernanza de datos e inteligencia artificial.
“Las políticas deben preservar la visibilidad y la inteligencia global sobre amenazas que necesitan los defensores, porque cuando la soberanía se concibe como una cuestión meramente geográfica, se aísla a los defensores en lugar de a los adversarios. Cuando se implementan correctamente, la soberanía y la ciberseguridad se refuerzan mutuamente, en vez de crear nuevas brechas de seguridad”, añadió Bagley.
Para América Latina, el debate planteado en el encuentro pasa por cómo ganar capacidad para decidir, proteger y diversificar las tecnologías de las que depende, sin convertir la soberanía digital en aislamiento.