El movimiento de protesta contra la crisis de la vivienda en Portugal volvió en la noche de este miércoles al centro de Lisboa con la decisión de instalar una nueva acampada pese a los avisos de las autoridades, pero con la intención de no oponer resistencia si les piden retirar las tiendas de campaña de nuevo.
Según pudo constatar EFE, sobre las 23:30 hora local (22:30 hora GMT) de este miércoles se encontraban en la plaza de D.Pedro IV (popularmente conocida como Rossio) cerca de un centenar de tiendas de campaña y varios cientos de personas.
Una de las manifestantes, Ana Luiza, explicó en declaraciones a EFE que los integrantes del movimiento han decidido quedarse en la plaza pese a las advertencias de las autoridades de que no se pueden organizar protestas durante la madrugada.
Aun así, están dispuestos a acatar posibles órdenes policiales de retirar el campamento.
"No hay personas suficientes con tiendas de campaña, por lo que cuando recibamos el aviso de la Policía, quitaremos las tiendas", aclaró la joven, que matizó que, incluso aunque retiren las tiendas, han decidido que permanecerán en el lugar sentados o de pie.
Esta acampada se produce tras el desalojo de los manifestantes del mismo lugar en la madrugada del martes con un operativo de la Policía de Seguridad Pública (PSP) que concluyó con 55 detenidos y dos heridos leves.
La PSP justificó ese día su intervención por la resistencia de los participantes a abandonar la plaza y aseguró que el uso de la fuerza se limitó a lo necesario, mientras algunos manifestantes denunciaron actuaciones violentas de los agentes.
Durante esta noche se produjeron algunos minutos de tensión cuando una persona se presentó con una bandera de Israel, lo que provocó abucheos entre los manifestantes y llevó a que fuera retirada del lugar.
Asimismo, en otro momento movieron a varios acampados al notar que había "50 personas vestidas de negro que parecían de un grupo de extrema derecha", añadió Ana Luzia, quien aclaró que ya se fueron ellos mismos sin poder confirmar si suponían un riesgo real o no.
En Oporto, donde comenzó una acampada hace más de una semana para denunciar también la falta de vivienda asequible, los manifestantes han decidido retirarse hasta el sábado, cuando realizarán otra concentración.
En paralelo, el Gobierno conservador del primer ministro, Luís Montenegro, afronta dificultades para sacar adelante su reforma del régimen de alquileres, aprobada en una primera votación parlamentaria gracias a la abstención del ultraderechista Chega, aunque podrá no prosperar en próximas votaciones.
La coincidencia entre las protestas, las actuaciones policiales y las dificultades parlamentarias ha situado la vivienda en el centro de la agenda política portuguesa, en un país donde el encarecimiento de los alquileres y de la compra de inmuebles dificulta especialmente la emancipación de los jóvenes.