Las lágrimas se mezclan con los abrazos y los besos en las calles de las grandes ciudades de Brasil, donde miles de brasileños celebraron este domingo la histórica victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, con una remontada inédita en unas elecciones presidenciales del país.
Los gritos de alegría y las banderas al viento, que se repitieron en ciudades como São Paulo, Rio de Janeiro, Brasilia o Salvador, reflejan la emoción de una noche electoral que muchos vivieron con incertidumbre.
Muchos de los manifestantes congregados en la Avenida Paulista de São Paulo corearon a ritmo una única palabra, que para ellos define el triunfo de Lula: “Democracia, democracia”.
Entre los abrazos y los gritos de celebración, Kátia, de 65 años, mira más allá de la victoria y piensa en el país que heredarán sus futuros nietos.
Vinculada a la investigación y la defensa de los derechos humanos, confía en que el nuevo mandato de Lula permita avanzar en educación, sanidad y empleo, además de mantener la lucha contra el hambre, una causa que siente cercana por su propia historia familiar.
Su trabajo en la defensa de los derechos humanos y la investigación sobre la población LGTB añade otra dimensión a la celebración, en la que también están en juego las expectativas de las minorías de avanzar en el reconocimiento y la protección de sus derechos.
El candidato progresista se impuso al senador Flávio Bolsonaro con una ventaja de más de cuatro millones de votos y fue el primer candidato en la historia democrática del país que llega al Palacio de Planalto sin ser el más votado durante la primera vuelta.
Con sus dos hijos, de siete y tres años, y un ejemplar de la Constitución brasileña bajo el brazo, Paulo, de 56 años, celebra la victoria de Lula convencido de que el país ha dejado atrás una etapa de incertidumbre.
“Lula representa la defensa de la Constitución y la garantía de que se va a respetar”, afirma este brasileño, que ve en el resultado electoral una victoria de la democracia y confía en que el presidente logre construir acuerdos con un Congreso de mayoría conservadora.
Júlia, una abogada de 30 años, también llegó a la noche electoral con el recuerdo de una etapa que espera dejar definitivamente atrás, marcada por el temor a un retroceso democrático.
“Tenemos que dejar atrás un fantasma todavía muy reciente en nuestra historia: la dictadura”, afirma, convencida de que la victoria de Lula permite recuperar la tranquilidad y mirar al futuro con esperanza.
Tras votar en el interior de São Paulo, regresó a la capital para celebrar un resultado que, para ella, va más allá de la disputa entre candidatos.
La emoción también se mezcla con el alivio entre quienes temían que Brasil, con Flávio Bolsonaro, prolongara otros cuatro años el rumbo de su padre Jair Bolsonaro, presidente entre 2019 y 2022.
Rafael, de 39 años y diseñador, reconoce que, pese a su apoyo a Lula, nunca llegó a dar por segura la victoria, en un escenario marcado por la polarización y el temor a una vuelta de la extrema derecha.
“Por mucho que apoyáramos a Lula, siempre estaba esa inseguridad de que quizá no lo consiguiéramos”, recuerda, aliviado por un resultado que, a su juicio, abre una nueva oportunidad para quienes más dependen de las políticas sociales.
Letícia, de 44 años, celebra el resultado con un mensaje de soberanía frente a las presiones externas y reivindica el derecho del país a decidir su propio rumbo.
“No vamos a entregar nuestro país a los estadounidenses. No le lamemos las botas a nadie”, afirma, antes de resumir el sentimiento que recorre la avenida Paulista en una frase: “La democracia ha vencido”.
Adrián Masa de Vega