Solo el 21,4 % de la cubierta vegetal de la Antártida -clave, por ejemplo, para regular el ciclo de carbono y del agua- se encuentra dentro de zonas protegidas, alerta un estudio de la Universidad de Edimburgo en el que participa el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) de Cataluña (España).

Publicada en la revista 'Biological Conservation', la investigación ha identificado 92 localizaciones prioritarias para ampliar la protección vegetal del continente helado y ha presentado su propuesta al Comité para la Protección del Medio Ambiente del Tratado Antártico.

Para determinar el porcentaje protegido y seleccionar las zonas más urgentes, el equipo utilizó datos satelitales de alta resolución sobre la cubierta vegetal y analizó factores como la amenaza de especies invasoras, la irremplazabilidad de las comunidades vegetales y su proximidad a las bases científicas.

La cubierta antártica está compuesta únicamente por dos especies de plantas con flor, además de unas 150 especies de musgos y 400 de líquenes adaptados al frío extremo que resultan esenciales para servir de alimento y refugio a insectos y microorganismos.

"El estudio ofrece hasta la fecha la evaluación más exhaustiva del estado de la vegetación antártica y revela que existen importantes lagunas de protección en todo el continente", explica la investigadora del Trinity College de Dublín y asociada al CREAF, Mariana García.

Las áreas identificadas para priorizar esta conservación, que en conjunto apenas suman 44 kilómetros cuadrados de superficie en todo el continente, se concentran mayoritariamente en la península de Fildes, el valle de Taylor y las colinas de Vestfold.

"Nuestros resultados muestran que, en la actualidad, amplias zonas de esta vegetación quedan fuera de la red de espacios protegidos existente", subraya la autora principal del trabajo en la Universidad de Edimburgo, Charlotte Walshaw.

El equipo de investigadores concluye que el siguiente paso consistirá en combinar la observación por satélite con expediciones sobre el terreno para consolidar las bases de la futura protección ambiental del continente.

Por EFE

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