Guillermo Benavides

Pekín, 28 oct (EFE).- Una broma de Kylian Mbappé sobre Mao Zedong ha desatado una tormenta que ha alcanzado al Real Madrid y a LaLiga, el último episodio de una serie de controversias que muestran cómo las líneas rojas políticas de China pueden traspasar sus fronteras y condicionar al deporte internacional.

La suspensión de retransmisiones, las disculpas institucionales y las reacciones de las autoridades chinas llegan tras otras dos polémicas del Real Madrid este año, por una publicación de Dean Huijsen y otra del club sobre el Tíbet, y evocan precedentes como los de la NBA, el Arsenal o la WTA, con respuestas institucionales muy distintas.

Mao, fundador de la República Popular en 1949, conserva un lugar central en el relato nacional del Partido Comunista, vinculado a la recuperación de la soberanía tras el llamado "siglo de las humillaciones", marcado por las intervenciones extranjeras, pese a que el propio Partido ha reconocido los desastres causados por algunas de sus políticas, como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural.

Del individuo a la competición

El precedente más sonado se remonta a octubre de 2019, cuando Daryl Morey, entonces director general de los Houston Rockets, publicó un mensaje de apoyo a las protestas de Hong Kong que llevó a la televisión estatal china CCTV a suspender retransmisiones de la NBA y a la Asociación China de Baloncesto a congelar sus relaciones con el equipo.

El comisionado de la NBA, Adam Silver, defendió el derecho de Morey a expresarse y afirmó que las autoridades chinas habían exigido su destitución, una petición que la liga rechazó y cuya existencia negó posteriormente el Ministerio de Exteriores del gigante asiático.

"No vamos a disculparnos por el ejercicio de su libertad de expresión por parte de Daryl", sostuvo Silver, cuya defensa del directivo no evitó que las consecuencias lo siguieran hasta los Philadelphia 76ers, que también vieron restringidas sus retransmisiones en Tencent tras contratarlo en 2020.

En diciembre de 2019, el Arsenal se desmarcó de las críticas de Mesut Özil al trato a los uigures en Xinjiang, mientras CCTV retiró un partido de su programación, una respuesta distinta a la del Chelsea, que en 2017 había sancionado y enviado de regreso a Inglaterra al brasileño Kenedy por publicaciones ofensivas sobre China durante una gira.

En 2021, las críticas de Enes Kanter al Gobierno chino y su defensa del Tíbet llevaron a Tencent a restringir los partidos de los Boston Celtics, extendiendo nuevamente las consecuencias de una declaración individual al conjunto del equipo.

La presión y sus límites

Las reacciones no se limitan a las retransmisiones: en 2019, la desarrolladora estadounidense Blizzard suspendió inicialmente durante un año al jugador hongkonés de deportes electrónicos Blitzchung por apoyar las protestas de su ciudad durante una competición, aunque después redujo la sanción a seis meses ante las críticas recibidas.

La empresa negó que China hubiera influido en su decisión, un ejemplo de la dificultad para distinguir entre presiones políticas directas, decisiones empresariales y medidas preventivas adoptadas por las propias organizaciones.

La capacidad de Pekín tampoco es ilimitada, como demostró la Asociación de Tenis Femenino (WTA), que en diciembre de 2021 suspendió sus torneos en China ante las dudas sobre la seguridad de Peng Shuai, después de que denunciara una agresión sexual por parte de un antiguo alto dirigente chino.

"No veo cómo podría pedir a nuestras deportistas que compitan allí", afirmó entonces el presidente de la WTA, Steve Simon, aunque la organización anunció su regreso en abril de 2023, tras dieciséis meses sin alcanzar sus objetivos.

"Hemos llegado a la conclusión de que nunca conseguiremos plenamente esos objetivos", admitió la WTA, que justificó su decisión por las consecuencias de prolongar la suspensión para las jugadoras y los torneos.

Más allá de las disculpas

Los distintos precedentes muestran que las consecuencias no dependen únicamente de las decisiones de las autoridades chinas, sino también de cómo reaccionan clubes, ligas y empresas ante la posibilidad de verse implicados en una controversia política.

En el caso de Mbappé, el Grupo de Medios de China (CMG), responsable de CCTV, exigió disculpas públicas como condición para entablar conversaciones, mientras LaLiga se desmarcó de las declaraciones del futbolista y pidió perdón en nombre de sus clubes.

La competición anunció además un protocolo de sensibilización y comunicación que desarrollará junto a clubes y jugadores para prevenir episodios similares, aunque todavía se desconoce su contenido y si afectará a las declaraciones individuales.

Por EFE

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