Narges Mohammadi, la activista iraní laureada con el Nobel de la Paz en 2023, toma la palabra en 'Una mujer nunca deja de luchar', una autobiografía que ve la luz ahora en español y que demuestra lo "difícil, amarga y mortal" que puede ser la lucha por la democracia y la igualdad en el siglo XXI.

"He tratado de plasmar todo lo que hemos vivido nosotros, el pueblo iraní, para alcanzar la justicia y la libertad", señaló la activista en una conexión desde Teherán para la presentación del libro en España.

Y agregó: "Muchas personas en Irán han luchado por estos mismos objetivos y tal vez muchas de ellas ya no estén entre nosotros: han sido ejecutadas, asesinadas o se encuentran en celdas de aislamiento. Por eso, tenemos la responsabilidad de ser su voz, la voz de quienes no tienen voz y de aquellos cuyas voces no son escuchadas en la sociedad, y este libro es, en realidad, un esfuerzo en ese sentido".

Mohammadi (Irán, 1972) es la cara más visible de la lucha por la democracia y la igualdad en Irán, pero esta batalla le ha costado un alto precio: su familia, su trabajo y su libertad.

'Una mujer nunca deja de luchar' (Editorial Fisterra) permite acercar al público su historia y la de muchos otros activistas represaliados por el régimen iraní.

Su marido, el también activista Taghi Ramani, ha visitado España con motivo de la publicación de un libro que su mujer le ha dedicado a él y a sus dos hijos, Ali y Kia, encargados de recoger el Nobel en nombre de su madre en 2023, y a los que la activista no puede abrazar desde 2015. Los tres viven en Francia exiliados.

Los cuatro casi nunca han podido estar juntos, ya que cuando vivían en Irán, uno de los dos progenitores siempre estaba preso. "La esperanza (de estar juntos) siempre existe. Puede que no ocurra, pero haremos todo lo posible por volver a encontrarnos", señaló Ramani a Efe.

Una vida dedicada a la lucha por la democracia

En su mensaje, Mohammadi asegura que la esperanza para ella significa "no claudicar" y "no rendirse jamás" hasta alcanzar la libertad, la justicia, la igualdad y la democracia para el pueblo de Irán. "Cada vez que resisto, siento que estoy viva, y cada vez que lucho, tengo la certeza absoluta en mi corazón de que hay un camino que nos llevará a la victoria", añade.

"Para alcanzar una sociedad humana, cada uno de nosotros -ustedes al otro lado del mundo y yo en Irán, bajo una teocracia tiránica y misógina- debemos (..) mantener viva la esperanza y proseguir la lucha. Estoy convencida de que venceremos", señala.

Ramani coincide con su mujer en que la ayuda de la sociedad internacional es importante en la lucha para derrocar al régimen: los gobiernos extranjeros pueden hacer presión exigiendo al régimen el respeto a los derechos humanos en el marco de las relaciones comerciales.

Mujer, vida, libertad

El activista reconoce que desde que comenzó la guerra entre Irán y Estados Unidos, los movimientos civiles han acusado "el golpe". El movimiento 'Mujer, Vida, Libertad', que estalló en 2022 tras la muerte de una joven por no llevar correctamente el velo, fue solo una muestra del descontento social con el régimen, explicó Ramani.

"La sociedad civil de Irán ya se ha levantado, pero debe organizarse. Si logra organizarse y controlar a los partidos, habrá democracia, pero esto requiere tiempo", agregó.

Mohammadi vivió aquel movimiento desde la cárcel. A lo largo de su vida, la activista, de 54 años, ha sido condenada a cuarenta y cuatro años de prisión -por distintos cargos- y a un total de ciento cincuenta y cuatro latigazos. Además, ha sido sometida a ciento sesenta y un días de aislamiento en los largos periodos de detención.

'Una mujer nunca deja de luchar' fue escrito en uno de sus periodos en la cárcel. Comenzó en 2017, pero el manuscrito fue varias veces confiscado y destruido. Tras varios intentos y con la ayuda de otras presas consiguió sacarlo de la cárcel y ya ha sido traducido al noruego, al francés, al italiano, al alemán, al polaco, y en 2027 verá la luz en inglés.

En 'Una mujer nunca deja de luchar' la activista recorre su infancia, su primer contacto con la lucha social en la universidad, cómo perdió primero su trabajo y, posteriormente, a su familia y su libertad, en una vida jalonada por entradas y salidas de las cárceles iraníes, donde sufrió numerosos abusos.

La salud de la activista preocupa mucho a su familia y en mayo pasado temieron por su vida: "Tiene problemas de corazón y otras dolencias, debido a los malos tratos recibidos en prisión, como palizas de los guardias", describió Ramani a Efe. Tras la presión internacional, fue traslada a un hospital y luego a su casa. EFE

csr/ash/agf

(foto)

Por EFE

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