El secretario de Asuntos Públicos de La Fortaleza, Jean Peña Payano, parece tener una expectativa equivocada sobre el papel que le corresponde desempeñar a los medios de comunicación.
Y quiero aclarárselo, no solamente como editora en jefe de Prensa Abierta, sino como periodista que ha dedicado buena parte de su vida a fiscalizar el poder, independientemente de quién lo ejerza. Y sí, también he ejercido el rol de información desde el «poder». También me ha tocado y a orgullo lo llevo. Eso, creo que me da más derecho a comentarle.
La prensa no está para contar las cosas buenas del gobierno. Está para contar lo que está pasando. Y eso incluye, por supuesto, lo bueno, lo malo y aquello que algunos preferirían mantener fuera del conocimiento público. La prensa no trabaja para mejorar la imagen de un gobernador, justificar decisiones gubernamentales ni validar investigaciones con tres comunicados de logros o las ya famosas y repulsivas «declaraciones autorizadas» de secretarios y jefes de agencia que ya ni cara se atreven dar. O se las dan solo a algunos.
El periodismo no funciona así.
Me preocupa que, ante los reclamos de organizaciones que representan a periodistas en Puerto Rico, la respuesta del principal portavoz gubernamental incluya un llamado a que los medios destaquen también las cosas buenas que hace la administración. Y que a la vez decidan ignorar la cantidad de funcionarios que no dan cara porque no se atreven o que no dan cara porque no los dejan.
Señor secretario, las cosas buenas se publican cuando tienen valor noticioso. Como también se publican los contratos cuestionables, las decisiones administrativas que requieren explicaciones, los problemas en los servicios esenciales y las contradicciones entre lo que se promete y lo que finalmente se cumple.
La agenda periodística no se construye para satisfacer las expectativas de La Fortaleza. Ni yo, cuando estuve ahí, lo pretendí.
Hay algo más que considero indispensable aclarar. Convocar «cientos de periodistas» no significa necesariamente garantizar acceso a la información. Celebrar conferencias de prensa no equivale a ejercer transparencia como dicen las convocatorias diarias. Transmitir actividades gubernamentales por las redes sociales jamás sustituirá el acto de un periodista de preguntar y repreguntar. Una conferencia de prensa no es una conferencia de prensa simplemente porque usted decida llamarla así. Y cuando esa conferencia termina siendo un vergonzosa charada, menos. Y usted ha sido protagonista de esa charada. Esta semana le habló vergonzosamente a las paredes en un acto teatral y feísimo.
La transparencia se mide por la disposición de los funcionarios a contestar preguntas, entregar documentos, explicar decisiones y rendir cuentas, especialmente cuando hacerlo resulta incómodo. Precisamente ahí radica el valor de una prensa independiente.
He ejercido el periodismo durante múltiples administraciones. He entrevistado a gobernadores, secretarios, legisladores, jueces, congresistas, presidentes y primeros ministros. Funcionarios de todas las ideologías. Y si algo he aprendido es que el poder siempre tendrá razones para querer comunicar su mejor versión. Después de todo, la principal función del estado es mantenerse. Usted debe saber quién lo dijo.
Los periodistas tenemos una función distinta. No estamos obligados a celebrar los anuncios oficiales ni a aceptar como resultados las promesas. Nuestra responsabilidad es comprobar, investigar, cuestionar y, cuando corresponde, reconocer los aciertos. No somos infalibles. No somos perfectos. Nos corresponde rectificar errores, escuchar las partes y someter nuestro trabajo al mismo rigor que exigimos a quienes fiscalizamos. Y con bastante frecuencia, en otras plataformas que Dios me ha dado la bendición de tener, he cuestionado el periodismo vago, no contextualizado y no estudiado, pobre e ignorante, por ende, no responsable con la función que nos corresponde.
Pero, no corresponde aceptar que desde su podio, que debería ser su templo, se pretenda establecer cuánto espacio debe dedicarse a las noticias favorables. Desde Prensa Abierta he defendido que el periodismo serio no tiene que ser complaciente para ser justo, ni agresivo para ser independiente. Tiene que ser responsable. Con eso, la gente se conforma.
Señor secretario, usted tiene todo el derecho a defender la gestión de la administración que representa. Esa es parte de su función. Yo la entiendo y para eso le pagan. Los medios, para desgracia de muchos, tenemos la responsabilidad de evaluarla.
El acceso a la información pública no es una concesión graciosita y «por si quieres» del gobierno. Es lo que tiene el deber de hacer. Comunique su mensaje pero no dicte nuestras prioridades.
Como dice siempre usted, respetuosamente.
