En pueblos como Adjuntas, Jayuya y Orocovis, donde la oferta cultural institucional del gobierno es casi nula, centros culturales autogestionados e independientes por colectivos comunitarios se han convertido en la única válvula de escape creativa y recreativa para la juventud.

Mediante talleres gratuitos de pintura, declamación, teatro y música de trova, estos proyectos no solo rescatan nuestras raíces artísticas locales, sino que construyen ciudadanía activa y promueven la paz en entornos vulnerables.

Por Hector

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