Un equipo científico estadounidense ha desarrollado una terapia génica personalizada que ha probado en dos menores con una forma rara de epilepsia grave. A uno de ellos le ha ayudado a caminar de forma independiente.
La descripción del tratamiento aún experimental de dos años se publica en la revista Nature Medicine; son dos ensayos clínicos que allanan el camino para ampliar en un futuro las terapias personalizadas, pasando de casos "puntuales" a grupos más amplios de pacientes con antecedentes genéticos similares, aseguran los investigadores.
La encefalopatía epiléptica y del desarrollo relacionada con el gen SCN2A es una forma rara y grave de epilepsia infantil y una de las causas más frecuentes de autismo monogénico. La enfermedad está causada por mutaciones puntuales en ese gen, que controla el flujo de iones de sodio hacia las neuronas.
Estas mutaciones provocan una excitabilidad cerebral anómala, lo que da lugar a crisis epilépticas incontroladas, junto con retrasos en el desarrollo, autismo, problemas motores y trastornos gastrointestinales.
La mayoría de estas mutaciones son de novo (no se heredan de los padres) y surgen de forma espontánea, explica un comunicado de la Universidad de California San Diego (EE. UU.).
Los fármacos anticonvulsivos tradicionales suelen ser ineficaces y no abordan la causa genética subyacente relacionada con el gen SCN2A.
Ahora, un equipo internacional de investigadores liderado por esta universidad y el Instituto Rady de Medicina Genómica Infantil ha tratado a dos niños con esta afección mediante una terapia génica adaptada a la mutación específica del gen SCN2A de cada uno de ellos.
En dos ensayos clínicos independientes realizados a lo largo de un período de dos años, los niños, que tenían 9 y 14 años al inicio, mostraron una reducción drástica de la frecuencia de las crisis, además de avances en el desarrollo, con efectos secundarios mínimos, según la misma fuente.
Cada persona tiene dos copias de cada gen y las mutaciones del gen SCN2A afectan solo a una de las dos copias. Los investigadores crearon fragmentos cortos y sintéticos de ADN denominados oligonucleótidos antisentido selectivos de alelo (ASO por sus siglas en inglés), que reconocen regiones inofensivas del ADN situadas junto a la mutación causante de la enfermedad.
"La terapia está diseñada deliberadamente para actuar sobre el diagnóstico genético de cada individuo", detalla Olivia Kim-McManus, una de las científicas del proyecto. "El ASO modifica la expresión genética y las proteínas que se expresan".
La inyección de los ASO bajo anestesia directamente en el líquido cefalorraquídeo silenció la versión mutante del gen, al tiempo que permitió que la otra copia funcionara con normalidad. La terapia se repitió cada dos o tres meses.
Al cabo de dos años, los científicos observaron que el paciente de 9 años, que sufría crisis casi a diario, experimentó una reducción del 26 % en la frecuencia de las mismas, y que el de 14 registró una disminución del 90 % en la reiteración de las crisis, llegando finalmente a tener períodos de días sin crisis.
Ambos pudieron reducir o suspender algunos de sus fármacos anticonvulsivos y también mostraron mejoras en las habilidades lingüísticas y motoras, en el procesamiento sensorial y en los comportamientos adaptativos, con una reducción de aquellos relacionados con el autismo.
El paciente de más edad caminó de forma autónoma por primera vez a los 15 años. Además, sus problemas gastrointestinales crónicos mejoraron, lo que redujo la necesidad de medicación.
"Hemos observado cambios en todos los ámbitos, lo que demuestra que actuar sobre la causa genética subyacente puede producir una mejora cuantificable", concluye Kim-McManus.
Aunque estas terapias aún se encuentran en fase de investigación, proporcionan un modelo para trasladar rápidamente la genética personalizada a los tratamientos, lo que podría acelerar -añade- el desarrollo de terapias para muchas otras enfermedades neurológicas y no neurológicas causadas por mutaciones en un solo gen.
