La Real Sociedad Matemática Española (RSME) ha valorado como "un hito de indudable relevancia" la resolución por parte de una inteligencia artificial de uno de los 'problemas del Milenio' (el de Navier–Stokes) pero ha reivindicado el papel previo desarrollado durante décadas por matemáticos de todo el mundo, y entre ellos los españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa.
"Este avance no surge en el vacío", ha apuntado la RSME en una declaración que ha dado hoy a conocer, tras la propuesta de solución a ese problema que ha presentado la empresa OpenAI, y ha precisado que este trabajo pone de manifiesto un modelo de investigación basado en la colaboración directa entre humanos y sistemas de inteligencia artificial.
La sociedad científica española no quiere restar mérito a la rapidez con que se ha obtenido el resultado, pero sí advierte de la importancia de reflexionar sobre las implicaciones de este nuevo 'paradigma', ya que la investigación va mucho más allá de la mera resolución de problemas o de la producción masiva de respuestas o enunciados "cuya verdad debe ser verificada".
Y en este caso, esa resolución, ha constatado la sociedad, se apoya en una larga trayectoria de trabajo colectivo desarrollada durante décadas por matemáticos de todo el mundo, entre los que destacan las aportaciones previas de Diego Córdoba, Luis Martínez-Zoroa y Fan Zheng, y los avances recientes de Levent Alpöge y Tristan Buckmaster.
La RSME considera esencial distinguir entre la obtención de una respuesta correcta y la construcción de una demostración matemática "rigurosa, comprensible y verificable" por la comunidad científica y mantiene que la validación independiente, la identificación de las ideas esenciales y la posibilidad de explicar y reproducir los pasos de una demostración constituyen requisitos irrenunciables del conocimiento matemático.
"La inteligencia artificial puede contribuir de manera extraordinaria a estos procesos, pero no debe sustituirlos", ha apuntado, y ha alertado del riesgo real de que el impulso de las empresas tecnológicas por utilizar las matemáticas como un simple banco de pruebas desvirtúe el sentido esencial de la investigación, y de que la producción acelerada de respuestas interrumpa la cadena de transmisión humana "y el desarrollo de habilidades analíticas que se cultivan durante años de formación investigadora".
La RSME considera "especialmente necesario" proteger las oportunidades de formación y desarrollo profesional de las nuevas generaciones de matemáticos, y ha señalado que el aprendizaje de la investigación "requiere tiempo, esfuerzo, contacto con investigadores experimentados y la oportunidad de enfrentarse a problemas cuya dificultad no se mide únicamente por la posibilidad de obtener una respuesta".
Ha advertido además que la presentación apresurada de resultados plantea dudas legítimas sobre la autoría, el crédito y el correcto reconocimiento de los trabajos previos en los que se fundamentan, y ha destacado la importancia de establecer con claridad qué ideas, desarrollos y verificaciones corresponden a los investigadores y cuáles proceden de las herramientas empleadas, y reconocer adecuadamente las aportaciones anteriores que hacen posible un avance.
La sociedad ha criticado además a falta de transparencia del modelo utilizado en este caso, al tratarse de una herramienta interna y no accesible de manera pública.
Esa opacidad dificulta una atribución adecuada del mérito a quienes han contribuido a la resolución del problema, e impide cuantificar el coste real asociado a la obtención del resultado, tanto en términos de horas de trabajo humano como de recursos computacionales, "que en última instancia, conllevan también un consumo de recursos naturales", ha apuntado en la declaración.