José Bordalás convirtió una derrota europea en una denuncia pública de las limitaciones del Getafe. El 2-5 frente al Lugano, acompañado de una revolución en el once que terminó en desastre, desató el enfado de un entrenador que lleva meses advirtiendo de la escasez de recursos de su equipo y que, después de una noche humillante, elevó el tono de sus reclamaciones hasta cuestionar abiertamente la planificación deportiva del club.
"Me siento, no frustrado, pero sí engañado de alguna manera, porque no se ha cumplido lo que se me ha ido prometiendo año tras año y estoy bastante enojado", declaró el técnico, que fue todavía más contundente al valorar las posibilidades de su equipo: "No nos da, no para tres competiciones, sino ni siquiera para una".
Sus palabras trascendieron el análisis de un partido. Bordalás recordó que lleva desde mayo alertando de las dificultades que supondría competir cada tres días. No señaló expresamente al presidente Ángel Torres ni a la dirección deportiva liderada por Toni Muñoz, pero sus reproches alcanzaron a quienes asumieron los compromisos que ahora considera incumplidos.
La crítica tampoco apareció de repente. En septiembre, el técnico ya coincidió públicamente con el presidente en que el Getafe se había quedado corto de efectivos. Entonces, sus advertencias tenían un carácter preventivo. Ahora, después de encajar cinco goles ante el Lugano, adquirieron una dimensión mucho más incómoda.
Siete cambios, un desastre
El encuentro frente al conjunto Lugano ofreció una radiografía de las dificultades que denuncia Bordalás. Después del empate del lunes contra el Rayo Vallecano, introdujo siete novedades en la alineación. Solo repitieron David Soria, Djené, Valou y Kiko Femenía.
Entraron Davinchi, Abdel Abqar, Francho Serrano, Alberto Risco, Andrés García, Borja Mayoral e Iván Azón. Una mezcla de futbolistas con menor continuidad, jóvenes y jugadores necesitados de protagonismo. La apuesta terminó por derrumbarse ante un rival que castigó reiteradamente los espacios a la espalda de la defensa.
Bordalás reaccionó con cuatro sustituciones al descanso. Recurrió a Nemanja Gudelj, Ramón Terrats, Martín Satriano y Johan Mojica para intentar recomponer un equipo desbordado. La decisión encerraba una contradicción difícil de resolver: necesitaba dar descanso a sus jugadores más habituales, pero terminó utilizándolos para evitar una derrota todavía mayor.
"Yo he decidido alinear ese once", admitió, antes de explicar que había recurrido a futbolistas menos utilizados para proteger a quienes acumulaban más minutos.
Un mensaje incómodo para el vestuario
Las declaraciones del entrenador también dejan en una posición delicada a los jugadores menos habituales. Su diagnóstico sobre la falta de alternativas supone un cuestionamiento público de la capacidad de los suplentes para mantener el nivel competitivo del equipo.
"Hoy se ha demostrado que no puedo dar descanso a los jugadores", afirmó Bordalás. Su sentencia que puede resultar especialmente difícil de encajar para quienes esperan oportunidades desde el banquillo.
El técnico deberá seguir contando con esos mismos futbolistas durante una temporada que apenas ha comenzado. Su discurso, dirigido principalmente a denunciar las carencias de la plantilla, también podría afectar a la confianza de una segunda unidad que necesita recuperar protagonismo.
Una plantilla bajo sospecha
Christantus Uche, lesionado de gravedad, permanece fuera de combate para toda la temporada. Juanmi Rodríguez continúa de baja, mientras que Orel Mangala y Zaid Romero tampoco estuvieron disponibles frente al Lugano. Dani Carvajal, recién incorporado, no está inscrito en la Liga Conferencia
Sin embargo, no todos los problemas pueden atribuirse a la planificación. El propio entrenador asumió la responsabilidad de elegir el once, mientras que los errores defensivos y las expulsiones de las últimas jornadas también han contribuido a multiplicar el desgaste.
La goleada abre ahora interrogantes sobre las relaciones internas del Getafe. Bordalás no identificó responsables concretos de las promesas incumplidas, pero sus reproches alcanzan a la planificación deportiva y sus críticas al rendimiento pueden tener consecuencias dentro del vestuario. "Yo, como entrenador, no merezco esto", sentenció.
Con un punto de seis posibles en la Liga Conferencia y el próximo compromiso de LaLiga en San Mamés, el Getafe afronta un problema que amenaza con prolongarse hasta el mercado de invierno. La aventura europea, presentada como un premio después de seis años de ausencia, comienza a convertirse en una carga. Bordalás llevaba meses avisando. Este jueves, dejó de hacerlo en voz baja.
Juan José Lahuerta