Tras evaluar miles de transacciones en la plataforma en línea del Registro de la Propiedad, una investigación del Centro de Periodismo Investigativo (CPI) y Rayos X identificó un esquema de presentación e inscripción de terrenos supuestamente vendidos por el Gobierno de Puerto Rico mediante certificaciones y escrituras, en las que exfuncionarios aseguran que no comparecieron ante los notarios y les falsificaron las firmas.
Los terrenos alegadamente fueron vendidos por agencias del gobierno como el Departamento de la Vivienda, la Autoridad de Carreteras y Transportación (ACT) y la Autoridad de Tierras (AT).
La maniobra fraudulenta parece simple. En el Registro de la Propiedad, una persona presenta la certificación o la escritura pública falsa que tiene fecha de hace 10 o más años. Por ejemplo, una escritura de 2003 se presenta en 2025. Una vez queda inscrita a su nombre, otra persona o una corporación que estaba disuelta para la fecha de la transacción compra el solar. Luego lo segrega en parcelas que a su vez son vendidas y revendidas ーcasi siempre entre el mismo grupo de personasー hasta que aparece un comprador nuevo. Cuando las escrituras se presentan, muchos años después, ya la mayoría de los notarios que se alega que autorizaron esas escrituras originalmente han fallecido.
Así, terrenos del Departamento de la Vivienda, de la ACT y de la AT en pueblos como Isabela, Barceloneta, Guayama y Arecibo aparecen inscritos en el Registro de la Propiedad a nombre de personas que no pagaron ni un centavo por ellos al Gobierno de Puerto Rico, según Vivienda y exfuncionarios de esa agencia que examinaron una muestra de las transacciones investigadas.
Como “El robo del año”, describió Julia Torres Hernández, exdirectora ejecutiva de la Administración de Desarrollo y Mejoras de Vivienda, el esquema de 38 solares que se han inscrito de forma irregular en el Registro de la Propiedad mediante escrituras y certificaciones con firmas falsificadas en declaraciones juradas. El mismo grupo de personas involucradas en estas transacciones presentó otras 79 compras de terrenos en el mismo periodo.
Una certificación es un documento que puede utilizarse para vender parcelas o conceder títulos de propiedad que podría inscribirse en el Registro de la Propiedad.
“Le han robado las tierras a nuestra gente”, dijo Torres Hernández al enterarse.
En las escrituras y certificaciones, aparecen como representantes autorizados del Gobierno de Puerto Rico para realizar las ventas Torres Hernández, Jorge Rivera Jiménez, exsecretario de Vivienda, y Carlos Gerardo Laboy Díaz, exadministrador de Administración de Vivienda Pública. Cuando el CPI y Rayos X les mostraron a los tres exfuncionarios los documentos, por separado, estos indicaron que sus firmas e iniciales fueron falsificadas o que se incluyó un número de seguro social incorrecto o que se les atribuyen funciones que nunca ejercieron, entre otras irregularidades.
La investigación periodística halló que de 107 certificaciones y escrituras sospechosas de terrenos vendidos por Vivienda, la ACT y la AT presentadas en el Registro de la Propiedad entre 2021 y 2026, al menos, 29 son falsas. De éstas, 21 quedaron inscritas oficialmente y 8 caducaron o no se han registrado. Las 107 certificaciones y escrituras tienen fechas de entre 2001 y 2008 y fueron presentadas en el Registro de la Propiedad por un grupo de personas cuyos nombres o correos electrónicos se repiten y algunos ocupan puestos directivos en una misma corporación.
En estas transacciones intervinieron principalmente Miguel Ángel Álvarez Pérez, propietario de negocios de servicios automotrices en Cataño; y Waldemar Leonardo Fernández Rodríguez, un desarrollador de propiedades que fue convicto por evasión contributiva.
Félix Manuel Velázquez Sánchez, abogado-notario y profesor de comunicaciones, además de ofrecer servicios de notaría, también presentó documentos ante el Registro de la Propiedad.
Mientras que en entrevista con el CPI y Rayos X, Víctor Sánchez Rojas dijo que llevaba a las oficinas del Registro de la Propiedad la mayoría de los documentos que le entregaba Waldemar, a quien conoce hace más de 15 años. Su trabajo se limitó a la mensajería, aseguró.
