Nueva Delhi y Lahore se situaron este martes entre las ciudades más contaminadas del mundo, con concentraciones de partículas finas que en la capital india alcanzaron niveles unas doce veces superiores a la recomendación diaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La plataforma suiza de monitoreo IQAir registró durante la jornada un índice de calidad del aire (AQI) de 255 puntos en Nueva Delhi y de 196 en la ciudad paquistaní de Lahore, ambos dentro de niveles considerados muy perjudiciales para la salud.
La concentración de partículas en suspensión PM2.5, las de menor diámetro y capaces de penetrar en los pulmones y el torrente sanguíneo, alcanzó los 180 microgramos por metro cúbico en Nueva Delhi y los 119 en Lahore.
La OMS recomienda que la exposición media diaria a estas micropartículas no supere los 15 microgramos por metro cúbico. Rebasar de forma prolongada ese nivel aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias graves.
Otras ciudades que aparecieron durante la jornada entre las más contaminadas fueron Tashkent, en Uzbekistán, Calcuta, en la India, y Daca, la capital de Bangladés.
Un informe del Banco Mundial señala que el sur de Asia, donde se concentran varias de las capitales con peor calidad del aire del planeta, comparte una misma cuenca atmosférica en torno a la llanura indogangética, a los pies del Himalaya, donde las emisiones de Pakistán, India, Bangladés y Nepal pueden desplazarse y quedar retenidas.
Durante los meses de invierno, entre octubre y febrero, las bajas temperaturas y la falta de viento favorecen episodios de inversión térmica que dificultan la dispersión del humo y mantienen las partículas cerca del suelo.
El problema se agrava por fuentes de emisión comunes en la región, entre ellas la quema de residuos agrícolas, las emisiones industriales, el tráfico y el uso de leña y carbón en los hogares.
En Pakistán, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) aseguró haber intensificado sus operaciones antes de la temporada de niebla tóxica.
La agencia señaló que utiliza drones y patrullas nocturnas para identificar puntos de quema y vigilar el cumplimiento de la ley, además de haber ordenado la demolición de varias instalaciones industriales y confiscado más de 45.000 kilogramos de plástico que iba a ser quemado.