Un formidable disparo de Fede Valverde en el minuto 92 rescató al Real Madrid en Atenas, donde el conjunto de José Mourinho sobrevivió a sus propias contradicciones y a la resistencia del AEK para conquistar una victoria agónica (2-3) en un partido desordenado, de alternativas constantes, que terminó por resolver el talento individual del centrocampista uruguayo.

El Real Madrid transitó por todos los estados de ánimo en una noche de sobresaltos. Superado durante buena parte del primer tiempo, encontró el rumbo antes del descanso, volvió a extraviarlo tras la reanudación y terminó atrapado en un intercambio de golpes que parecía condenado al empate hasta la aparición de Valverde, autor de un zapatazo que puso fin a la anarquía.

El impulso que tomó el Real Madrid tras su victoria en el clásico se examinó en un duelo incómodo en Atenas, donde suele haber más ambiente fogoso que complicaciones sobre el césped. A Mourinho no le intimidó el escenario y, con una plantilla saneada, dio aire a algunos de sus jugadores: Trent, Konaté, Huijsen, Tchouaméni y Güler, fuera, los dos últimos descansando en Madrid; y Dumfries, Rüdiger, Vinícius, Camavinga y Militao, al césped.

La propuesta inicial del técnico portugués fue barrida por la intensidad del AEK, que compareció con una marcha más que los jugadores blancos. Durante los primeros 25 minutos, hasta que le alcanzó el desgaste, se replegó con orden, presionó con fiereza cuando tuvo ocasión y generó suficientes oportunidades para hacer un roto al Real Madrid.

Pero Courtois frenó el ímpetu griego. Jovic, muy lúcido pivotando, se convirtió en el eje sobre el que giró el ataque de su equipo. La primera ocasión nació de sus botas, con un pase a Majer que el croata prolongó hacia Gacinovic. El disparo de este encontró la respuesta del guardameta belga, que también apareció para frustrar otro intento del delantero serbio, protagonista además de un cabezazo defectuoso cuando se encontraba solo ante la portería.

Fue Koita, cerca del cuarto de hora, quien encontró la recompensa. Jovic volvió a intervenir para servir a su compañero, que, rodeado por Cucurella, Rüdiger y Camavinga, descubrió un resquicio donde parecía imposible encontrarlo. Le bastó un centímetro para soltar un zurdazo inapelable desde fuera del área. El gol hizo justicia a la diferencia de revoluciones entre ambos equipos.

El Real Madrid, superado, tardó en encontrar respuestas. Sin Güler, andaba perdido y solo empezó a respirar cuando el AEK perdió parte de su energía. Hasta entonces, Mbappé permanecía desaparecido, Vinícius se estrellaba una y otra vez contra Rota, Diomande no encontraba por la derecha la autoridad que exhibe por la izquierda y la sala de máquinas compartida por Camavinga y Bernardo Silva funcionaba sin claridad ni imaginación.

El desgaste del AEK equilibró las velocidades y el último tramo del acto inicial cambió el paisaje. Bellingham avisó con un gol anulado por fuera de juego y, pasada la media hora, firmó una obra de bella factura, nacida en el extremo opuesto del campo. Camavinga y Bernardo Silva triangularon junto al banderín de córner de su propio terreno.

La pelota llegó a Rüdiger, que abrió hacia Dumfries. El lateral cambió el juego de lado a lado, hasta Cucurella, cuyo centro encontró una espuela prodigiosa de Bellingham. El Real Madrid regresó al partido cuando parecía más lejos de comprenderlo. Al descanso, todo volvía a empezar.

La autoridad con la que el Real Madrid pareció cerrar la primera parte se diluyó tras la reanudación. Conservó la pelota, pero perdió clarividencia. No desaparecieron las ocasiones, aunque sí la sensación de superioridad. Cucurella se encontró con Rota, que salvó bajo los palos su remate, y Mbappé rozó la escuadra con un disparo desde fuera del área.

El partido terminó por desprenderse de cualquier atadura. Mourinho, consciente de los espacios que comenzaban a aparecer, recurrió a Valverde y Endrick para los últimos veinte minutos. El encuentro se convirtió en territorio de corredores, aparentemente el escenario ideal para el Real Madrid.

Sin embargo, fue el AEK quien primero sacó provecho del desorden. Koita condujo un contragolpe que culminó Pilios, pero apenas hubo tiempo para celebrar el gol. Mbappé apareció de inmediato para empujar a la red un centro de Dumfries y devolver el partido a su punto de partida con quince minutos por delante.

Espí y Brahim entraron para los últimos minutos. Toda la artillería blanca estaba sobre el césped y Mbappé, con un disparo que estrelló en el larguero, avisó de lo que estaba por llegar: Valverde, que reparecía tras su lesión, agarró la pelota fuera del área y liquidó la incertidumbre con un zapatazo de los suyos para acabar con la agonía: el Real Madrid firmó su cuarta victoria, cuatro de cuatro y aseguró su presencia en la siguiente fase.

— Ficha técnica:

2.- AEK: Brignoli; Rota, Moukoudi, Relvas, Pilios; Koita, Kairinen (Marin, min. 60), Arriaga, Majer (Zini, min. 53); Gacinovic (Varga, min. 60) y Jovic (Zubkov, min. 88).

3.- Real Madrid: Courtois; Dumfries, Militao, Rüdiger, Cucurella (Carreras, min. 82); Bernardo (Endrick, min. 67), Camavinga; Diomande (Valverde, min. 67), Bellingham (Espí, min. 86), Vinícius (Brahim, min. 81); y Mbappé.

Goles: 1-0, min. 12: Koita; 1-1, min. 32: Bellingham; 2-1, min. 75: Pilios; 2-2, min. 78: Mbappé; 2-3, min. 92: Valverde.

Árbitro: Maurizio Mariani (Italia). Mostró cartulina amarilla a Arriaga (min. 34) por parte del AEK y a Cucurella (min. 66) por parte del Real Madrid. Expulsó al local Koita al final del partido por protestar.

Incidencias: Partido correspondiente a la cuarta jornada de la Fase liga de la Liga de Campeones disputado en el AEK Arena de Atenas ante cerca de 28.000 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento del futbolista del Tenerife Jesús de Miguel.

Por EFE

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