Pasada la medianoche, Austin, la capital de Texas, seguía de fiesta. Frente al Capitolio, sede del Gobierno estatal, medio centenar de personas bailaban canciones de Bad Bunny, gritaban cada vez que pasaba un auto tocando el claxon y ondeaban una bandera con los colores del orgullo LGTBQ.
Los demócratas lograron este martes una victoria histórica en el estado: eligieron a James Talarico, el primer senador de su partido desde 1988, y a Gina Hinojosa, la primera gobernadora latina, en un puesto controlado por republicanos desde 1994.
Además, ganaron las cinco contiendas más reñidas a la Cámara de Representantes, todas en el sur de Texas. Así recuperaron a los votantes de esta región de mayoría hispana, que en 2024 rompieron con décadas de tradición demócrata y se inclinaron por Donald Trump.
"Nunca pensé que esto fuera a suceder", dijo a EFE el estudiante de 21 años Darren Tee. "Se siente surreal, como si estuviéramos en una realidad paralela".
El resultado llega en medio de una histórica ola demócrata en todo el país. La oposición recuperó la mayoría en ambas cámaras del Congreso, un golpe al Gobierno de Trump en unos comicios de medio mandato que funcionaron como barómetro de su gestión.
Trump, el gran lastre
Mark Jones, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Rice, en Houston, atribuyó el vuelco a la "extrema impopularidad" de Trump, que "erosionó el colchón natural del que los republicanos de Texas disfrutaron durante décadas".
Según el agregador de encuestas de The New York Times, un 61 % de los estadounidenses desaprueba la labor del presidente. Es el peor dato con el que un mandatario llega a unas elecciones intermedias desde Harry Truman (1945-1953).
Al descontento contribuyeron el rechazo a la guerra contra Irán y el malestar económico, agravado por las subidas de la gasolina y el diésel a raíz del conflicto.
También pesó la política migratoria. El Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) intensificó este verano sus operativos en Texas, marcados por episodios de violencia. En julio, un agente mató en Houston a Lorenzo Salgado, y en septiembre otro hirió de un disparo en la espalda al migrante venezolano Wilber Garcés en Austin.
Una encuesta de la firma ReconMR de principios de octubre halló que el 56 % de los votantes texanos cree que las tácticas de ICE "han ido demasiado lejos".
"El pueblo se levantó y le mandó un mensaje claro a Washington: cualquier político que se atreva a meterse con los hispanos, que se prepare a perder", afirmó Benny Meléndez, directivo de la Asociación de Constructores del Sur de Texas.
Paxton y la "tormenta perfecta"
A todo esto se sumó que los votantes republicanos eligieran en las primarias, con el aval de Trump, al fiscal general del estado, Ken Paxton, quien arrastra un largo historial de denuncias por corrupción y escándalos.
Para Jones, Paxton es "el candidato republicano con más defectos que se ha presentado a un cargo estatal importante en la era moderna". A eso se sumó la impopularidad de Trump y el empuje de Talarico, un aspirante "bueno, no excelente" que logró recaudar grandes sumas por el papel clave de Texas en la batalla por el Senado.
Según el analista, esto "creó una tormenta perfecta".
El sur de Texas da la vuelta
Según el Texas Tribune, con el 85 % de los votos escrutados, los condados con mayor población hispana fueron los que más giraron hacia la izquierda. Talarico arrasó en Hidalgo, Starr, Zapata y Cameron con más de un 60% del apoyo. Trump los ganó todos en 2024.
El vuelco desbarató además el rediseño de distritos que los republicanos aprobaron en 2025 para tratar retener la mayoría.
Henry Cuéllar retuvo el distrito 28 con el 65,8 % de los votos frente a Tano Tijerina, y Vicente González conservó el 34 con el 55,6 % frente a Eric Flores.
En el 15, el cantante Bobby Pulido, ganador de dos Latin Grammy, derrotó a la republicana Monica De la Cruz con el 62,3 %. Katy Padilla Stout ganó el 23 (52 %) y Johnny García, el 35 (55,4 %).
"El sur de Texas se está alejando de lo que ganamos en 2024 por la forma en que abordamos la inmigración", lamentó Artemio Muñiz, abogado y estratega republicano. "El partido tiene que abordar la inmigración de forma positiva y con una solución razonable. Si no, vamos a perder este voto", añadió.
Perder la gobernación, además del Senado, supone, para Jones "un terremoto político" capaz de cambiar el status quo en Texas en los próximos cuatro años.
Para los republicanos, el temor va más allá y se alza como una sombra sobre las próxima presidenciales: es muy difícil imaginar una victoria presidencial de los conservadores sin los 40 votos electorales de Texas.
Alejandra Arredondo