En el mismo internet donde proliferan comunidades que promueven la misoginia, conocidas como 'manosfera' o 'machosfera', un pequeño grupo de hombres en México busca transformar ese espacio en un "laboratorio" para desaprender el machismo y hablar de sus emociones.
Algunos de ellos llegaron tras una ruptura amorosa, otros porque nunca encajaron en el modelo de hombre "tradicional" y otros más buscando respuestas distintas a las que habían aprendido o normalizado desde chicos.
Todos forman parte de Vatos (Hombres) Trabajando, una comunidad de WhatsApp con unos 120 integrantes que se describe como un "espacio antipatriarcal" y surgió del proyecto Laboratorio para Vatos, ambos fundados por Mikel Armenta.
El chat está "permanentemente abierto" y propone conversaciones diarias sobre distintos temas, explica a EFE su cofundador, al advertir que los hombres que empiezan a "traicionar el sistema patriarcal" pueden enfrentar el rechazo de amigos y familiares, por lo que necesitan espacios para "confrontar de manera compasiva".
"No somos un club de Toby", afirma el activista, al señalar que tener "la teoría" y "las bases conceptuales no nos deja exentos de seguir siendo agresores" y perpetuar "modelos de masculinidad con otros".
Incluso Armenta recuerda algunos participantes en talleres de hombres "funados" (o señalados públicamente) terminaron acercándose a la comunidad.
"El grupo justamente lo que ofrece es una alternativa al castigo", explica, es decir, que alguien pueda "confesar" sin que eso implique una "exclusión", con un compromiso de "restauración y responsabilización".
'Ternura radical' entre vatos
"Amigos, ando muy mal, cabrón", escribió Erick Solís en el chat cuando se sentía "terrible" y "abrumado", comparte el integrante del grupo desde hace dos años.
Fue recibido "con ternura", rememora, y en vez de un discurso de "echaleganismo" (salir adelante), escuchó un: "Hermano, está duro, pero aquí estamos, no está solo".
Solís sabe que la expresión "ternura radical" proviene del feminismo y considera que también tiene cabida entre los hombres, aunque practicarla implica preguntarse: "No es si soy machista, sino qué tanto lo soy, ¿no? Como hombre".
La idea, añade José Ramón Flores, integrante desde 2025, es "confrontar desde el amor".
Una noche, recuerda Flores, un compañero escribió porque estaba estresado después de haber peleado con su novia, y entre cinco y siete integrantes respondieron para "acompañarlo", aunque también le cuestionaron algunas actitudes de control hacia ella.
"Al menos es un espacio en el que puedes decir: 'Me quiero desahogar'", subraya.
Alejandro Cruz, otro integrante, también se ha quitado "cargas" al darse cuenta de que normalmente las relaciones sexuales "muy falocéntricas y orientadas hacia la penetración". Y ahora reconoce que "el sexo puede ser muy diverso", aunque admite que cuestionarse exige "incomodidad".
¿Una 'antimachosfera' mexicana?
Cruz también ve el grupo como un espacio libre de "juicio" y "alterno" a la machosfera, aunque no busca confrontarla ni alimentar la "polarización" en redes sociales.
"Nosotros no somos los buenos, solo somos personas que estamos cuestionándonos y que estamos tratando de crear una alternativa", asegura.
Solís, quien a los 15 años se acercó a discursos de la machosfera, hoy considera que esta "utiliza el dolor de los hombres para vender", mientras que en Vatos Trabajando encontró un "Te abrazamos".
Para Armenta, los hombres que están en esos espacios están ahí porque "se les ofrecen soluciones personales y biográficas a grandes problemas estructurales".
César Mejía, cofundador del grupo en 2023, recapitula que desde 2020 buscaban acercarse a hombres en ese subgrupo de internet, que describió como "hoyo negro que cansa y consume".
"Estuvimos un tiempo metidos en los grupos del Temach captando gente… y pescamos algunos que ahí andaban como entre que sí, que no", cuenta Mejía.
Más recientemente, han salido a plazas públicas para invitar a otros hombres a cuestionar sus violencias, tras ataques escolares cuyos agresores han sido vinculados con comunidades digitales misóginas, como el ocurrido en Torreón (Coahuila) en octubre pasado, tras el cual se sumaron unos diez integrantes.
"Los hombres sí tenemos capacidad de organizarnos… Así como nos organizamos para ir a apoyar a un equipo de fútbol y cerrar la calle y salir cantando, también podemos organizarnos para cuestionar nuestras violencias", concluye Armenta.