El análisis de huellas fósiles de hace 1,4 millones de años ha permitido concluir que uno de los antepasados del Homo sapiens en Kenia, Paranthropus boisei, era mucho más grande de lo que la ciencia pensaba hasta ahora, llegando a medir 1,80 metros y a pesar 75 kilos.

La revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias estadounidense recoge este lunes un estudio que aporta nuevos detalles sobre cómo eran y se comportaban los homínidos Paranthropus boisei, así como de su coexistencia en el mismo hábitat con el Homo erectus.

El hallazgo de las huellas de 8 ejemplares de Paranthropus boisei fue especialmente sorprendente para una de las autoras este estudio, la paleobióloga del Museo de Historia Natural Smithsonian de Estados Unidos, Kay Behrensmeyer, que lleva investigando esa zona de Kenia, a las orillas del lago Turkana, desde 1969.

La estadounidense fue la primera en descubrir una huella de hipopótamo junto al Turkana durante una campaña de campo en 1978. Tras aquel hallazgo vinieron muchas otros, incluidas huellas de numerosos homínidos.

Un álbum de fotos del pasado

“Lo especial de las huellas desde el punto de vista científico es que conservan la imagen de un instante en el tiempo. Eso proporciona información muy valiosa sobre el comportamiento humano antiguo que sería más difícil de deducir a partir de huesos y fragmentos fosilizados”, explica Behrensmeyer.

Los científicos tardaron varias décadas en comprender la verdadera extensión de este yacimiento de huellas fósiles, al que se denominó GaJi10.

Tras los hallazgos de 1978, los investigadores cubrieron con arena el yacimiento para protegerlo de cara a futuros estudios. En 2016 y 2023, el equipo de Behrensmeyer regresó y descubrió hasta 21 huellas dejadas por ocho individuos, así como otras tantas de hipopótamos, antílopes y otros animales.

Las rocas circundantes han permitido datar el yacimiento en el Pleistoceno temprano, hace unos 1,43 millones de años.

En aquella época, las orillas del lago Turkana estaban habitadas por una gran variedad de animales, entre ellos cocodrilos, elefantes y dos especies diferentes de parientes antiguos del ser humano u homínidos: el Paranthropus boisei, una especie robusta con dientes muy resistentes para triturar semillas y raíces, y el Homo erectus, antepasado directo de los humanos actuales.

En 2024, los investigadores, entre ellos Behrensmeyer, describieron otro yacimiento de huellas aún más antiguo en la zona que conservaba huellas de ambas especies de homínidos antiguos, lo que reveló que ambos compartieron el mismo hábitat durante cientos de miles de años.

Las huellas de una y otra zona abarcan en total más de 100.000 años.

“No podemos describir aún cómo interactuaban entre sí esas dos especies de homínidos, pero sabemos que ambos habitaron esas marismas al mismo tiempo”, subraya Behrensmeyer.

Posteriormente, las dos especies tuvieron caminos evolutivos diferentes, precisa la investigadora.

 

Una sociedad compleja

El estudio de las huellas -y la información que aportan sobre la anatomía y los patrones de movimiento- revela también que los machos adultos de Paranthropus se desplazaban en grupos en algunas ocasiones, sin hembras ni crías.

“Eso indica que formaban parte de una estructura social compleja”, señala otro de los autores, Neil Roach, investigador de la Universidad de Harvard.

“Es posible que vivieran en grandes grupos, en los que los machos competían por las hembras, pero se toleraban mutuamente en algunas ocasiones, quizá por motivos de seguridad cuando creían que estaban en un entorno peligroso”, indica Roach.

Behrensmeyer cree que comprender mejor la geología que conserva estas huellas podría arrojar luz sobre por qué los homínidos locales frecuentaban este entorno a orillas del lago Turkana.

“Si logramos comprender qué condiciones geológicas permitieron que estas huellas se conservaran, podremos saber más sobre por qué los homínidos siguieron regresando a esas marismas durante tantos miles de años”, agrega Behrensmeyer.

El equipo volverá a Kenia a finales de este año para seguir investigando estos yacimientos.

“El descubrimiento de estas huellas refuerza la importancia mundial del lago Turkana para comprender la evolución humana. Además, consolida la posición de Kenia como uno de los principales escenarios paleoantropológicos del mundo y apela nuestra responsabilidad de proteger este patrimonio irreemplazable”, concluye otra de las autoras, Purity Kiura, investigadora de los Museos Nacionales de Kenia.

Por EFE

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