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La falta de un suministro continuo amenaza la operación de la Planta Central de Enfriamiento, de la que dependen unos 25 edificios del recinto. Las clases comenzarán el 17 de agosto y, mientras persista la emergencia, se utilizarán métodos alternos de enseñanza.

La Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, declaró un estado de emergencia ante las interrupciones y limitaciones en el servicio de agua potable provocadas por las condiciones de sequía y las interrupciones programadas de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), una determinación que obligó a retrasar por una semana el comienzo del semestre académico.

La medida fue establecida mediante la Circular Núm. 6, Año Académico 2026-2027, emitida el 7 de agosto por la rectora interina, Mayra B. Charriez Cordero.

El nuevo calendario establece que las clases comenzarán el lunes, 17 de agosto de 2026, mientras el Registrador deberá emitir un calendario académico enmendado.

Pero el impacto de la crisis trasciende la disponibilidad de agua para consumo y servicios sanitarios. De acuerdo con la circular, la continuidad del servicio es particularmente crítica para la infraestructura del recinto debido a la operación de su Planta Central de Enfriamiento de Agua Helada, sistema del que dependen aproximadamente 25 edificios.

La universidad cuenta con una capacidad de almacenamiento de aproximadamente 250,000 galones de agua, cantidad que permitiría sostener las operaciones por alrededor de un día. Ante interrupciones prolongadas o recurrentes, esa reserva resulta insuficiente para garantizar la continuidad de las operaciones.

La alternativa de adquirir y transportar agua adicional de manera sostenida tampoco es considerada viable, tanto por el costo que representaría como por la limitada disponibilidad del recurso.

Un semestre que comienza bajo un plan de contingencia

Ante este escenario, la UPR de Río Piedras determinó que, mientras permanezca vigente el estado de emergencia, los cursos podrán ofrecerse mediante métodos alternos de enseñanza.

La determinación supone que el recinto deberá adaptar su operación académica a las condiciones de disponibilidad de agua y a los efectos que las interrupciones tengan sobre los edificios y servicios universitarios.

La administración también estableció medidas dirigidas a reducir al mínimo el consumo de agua.

Todo consumo considerado no esencial queda eliminado y el recurso deberá utilizarse únicamente para atender necesidades relacionadas con la salud, la seguridad, el saneamiento y las operaciones esenciales.

Entre las medidas adoptadas figura la suspensión del lavado de vehículos oficiales, excepto en situaciones de emergencia, así como la prohibición del uso de agua potable para lavar aceras, fachadas, estacionamientos y otras áreas exteriores.

También se limitará el uso de agua en las labores de limpieza y mantenimiento a lo estrictamente necesario. Los trabajos que requieran equipos de presión y que puedan ser pospuestos deberán suspenderse mientras dure la emergencia.

Vigilancia de salideros y concentración de servicios sanitarios

La directriz ordena además inspecciones para identificar fugas, salideros y desperfectos en la infraestructura de agua, con instrucciones de atenderlos de manera inmediata.

Otra de las medidas será establecer una distribución estratégica de los servicios sanitarios que permanecerán abiertos, con el propósito de concentrar el consumo de agua y facilitar las labores de limpieza y mantenimiento.

La intención es evitar que el recinto tenga que mantener en funcionamiento todos sus servicios sanitarios durante periodos en que el suministro de agua sea limitado.

¿Qué ocurrirá con el personal?

Las disposiciones también establecen diferencias para el personal no docente dependiendo de las condiciones particulares de los edificios donde laboren.

Los empleados asignados a edificios que cuentan con sistemas independientes de aire acondicionado deberán acudir a sus labores regularmente.

En cambio, aquellos que trabajen en edificios afectados por la Planta Central de Enfriamiento o por las interrupciones en el servicio de agua deberán mantenerse en comunicación con sus supervisores y seguir los respectivos planes de contingencia.

La universidad dejó abierta la posibilidad de ajustar las medidas conforme evolucione la situación.

Administración Central respalda la determinación

La presidenta de la Universidad de Puerto Rico, Dra. Zayira Jordán Conde, respaldó las medidas adoptadas por la Rectoría del Recinto de Río Piedras y reconoció que las condiciones de infraestructura particulares de la institución agravan el impacto de las interrupciones del servicio.

“La Administración Central de la Universidad de Puerto Rico respalda las medidas adoptadas por la Rectoría del Recinto de Río Piedras ante los retos operacionales provocados por las interrupciones programadas en el servicio de agua potable”, expresó Jordán Conde.

La presidenta destacó que la determinación responde, entre otros factores, a la necesidad de mantener un suministro continuo para la Planta Central de Enfriamiento, de la cual dependen aproximadamente 25 edificios.

Según Jordán Conde, la Administración Central ha mantenido comunicación con los distintos recintos y unidades de la UPR para que puedan adoptar medidas conforme a sus respectivas realidades operacionales.

El objetivo, sostuvo, es proteger la seguridad y el bienestar de la comunidad universitaria y garantizar la mayor continuidad posible de los servicios académicos y administrativos.

“Continuaremos dando seguimiento a la situación y apoyando las determinaciones que sean necesarias mientras permanezcan las condiciones extraordinarias relacionadas con la disponibilidad del servicio de agua”, afirmó.

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